Cada 7 de septiembre, cuando cae la tarde, las carreteras y los antiguos caminos que conducen a Teror cambian por completo. Miles de personas empiezan a caminar hacia la Villa Mariana desde distintos puntos de Gran Canaria. Algunos lo hacen por fe, otros para cumplir una promesa, muchos porque lo han hecho toda la vida y otros simplemente porque forma parte de una de las tradiciones más arraigadas de la isla.
La meta es la misma: llegar hasta la Basílica de Nuestra Señora del Pino en vísperas de la festividad del 8 de septiembre.
La peregrinación que hoy conocemos tiene siglos de historia. Las fuentes municipales sitúan ya en el siglo XVII una gran afluencia de devotos a Teror durante las fiestas de septiembre, aunque fue desde el siglo XVIII cuando las caminatas del 8 de septiembre se hicieron especialmente populares. Los romeros llegaban desde distintos puntos de la isla, atravesando montañas y caminos, y muchos pasaban la noche en Teror esperando los actos religiosos del día siguiente.
Una tradición que nació mucho antes que la Romería-Ofrenda
Conviene distinguir dos cosas que hoy se mezclan con facilidad.
La peregrinación a pie hasta Teror es una tradición centenaria. La Romería-Ofrenda institucional que se celebra cada 7 de septiembre por la tarde, en cambio, es mucho más reciente.
Fue creada en 1952 por el Cabildo de Gran Canaria, a propuesta del historiador, escritor y folclorista Néstor Álamo. Este 7 de septiembre cumple 74 años. A partir de las 15.30 horas comienzan a desfilar las carretas y a las 16.00 horas la imagen de la Virgen sale al pórtico de la Basílica para recibir las ofrendas. Este año participan las 21 carretas municipales y la del Cabildo, además de representaciones del resto de Canarias.
Por tanto, los grancanarios ya peregrinaban a Teror muchísimo antes de que existieran las carretas que hoy vemos por televisión cada 7 de septiembre.
¿Por qué se peregrina hasta Teror?
El origen está en la devoción a la Virgen del Pino.
La tradición sitúa en 1481 la aparición de una imagen de la Virgen en lo alto de un gran pino de Teror. Según el relato transmitido durante siglos, la imagen habría sido encontrada rodeada por tres dragos y junto al árbol habría existido un manantial al que se atribuían propiedades medicinales.
No existe una certeza histórica sobre cómo llegó realmente la imagen hasta allí. El propio Ayuntamiento de Teror reconoce que su origen sigue envuelto en el misterio y recoge distintas explicaciones, desde la tradición religiosa de la aparición hasta la posibilidad de que procediera de las misiones cristianas que llegaron a Gran Canaria antes de la conquista castellana.
Lo que sí está documentado es que, a comienzos del siglo XVI, Teror ya contaba con una ermita dedicada a Santa María de Therore que albergaba la imagen y que el municipio se fue convirtiendo progresivamente en uno de los grandes centros religiosos de Gran Canaria.
Caminaban para pedir lluvia, agradecer favores o cumplir promesas
La relación entre la Virgen y los habitantes de la isla no se limitaba a la fiesta de septiembre.
Durante siglos, la imagen fue trasladada en distintas ocasiones desde Teror hasta Las Palmas de Gran Canaria para realizar rogativas cuando la isla sufría sequías, epidemias u otras calamidades.
Las fuentes históricas municipales recuerdan que ya en el siglo XVII se organizaban celebraciones y que la devoción aumentó especialmente durante los siglos XVII y XVIII.
De ahí procede buena parte del sentido religioso de la peregrinación: ir a Teror para pedir algo, agradecerlo o cumplir una promesa.
Pero esa dimensión religiosa terminó mezclándose con otra puramente popular. Los romeros caminaban acompañados de guitarras, timples, cantos y parrandas. Llegaban la víspera, dormían en plazas, alamedas o ventorrillos y esperaban la fiesta del día 8.
Por eso la caminata del Pino nunca ha sido únicamente una procesión religiosa. Desde hace siglos es también una celebración colectiva y una forma de encuentro entre personas procedentes de todos los municipios de Gran Canaria.
Entonces, ¿la Virgen del Pino es patrona de Gran Canaria o de Canarias?
Aquí hay una confusión muy frecuente.
La Virgen del Pino es patrona de Gran Canaria y, desde 1914, Patrona principal de la Diócesis de Canarias.
El nombre puede llevar a error porque la Diócesis de Canarias no comprende todo el Archipiélago. Actualmente incluye Gran Canaria, Lanzarote, Fuerteventura y La Graciosa. Las islas occidentales pertenecen a la Diócesis de San Cristóbal de La Laguna o Nivariense.
El 16 de abril de 1914, el papa Pío X declaró a Nuestra Señora del Pino Patrona principal de la Diócesis de Canarias.
Eso no significa que sea la patrona de todo el Archipiélago.
La advocación tradicionalmente reconocida como Patrona de Canarias es la Virgen de Candelaria, mientras que la Virgen del Pino posee el patronazgo de la Diócesis de Canarias y una vinculación específica con Gran Canaria. De hecho, los propios documentos históricos de Teror explican que en 1914 se quiso mantener la advocación de Candelaria para el Archipiélago y establecer la del Pino para esta diócesis.
1905 y 1914, dos fechas claves
Antes de convertirse en patrona diocesana, la Virgen del Pino había recibido otro de sus grandes reconocimientos.
En 1905 fue coronada canónicamente en Teror. Nueve años después llegó la declaración de Pío X que la convirtió en Patrona principal de la Diócesis de Canarias.
Para entonces la devoción estaba más que consolidada.
¿Por qué precisamente el 8 de septiembre?
La festividad de la Virgen del Pino coincide con el 8 de septiembre, fecha en la que la Iglesia católica celebra tradicionalmente la Natividad de la Virgen María.
La tradición terorense terminó además situando en ese mismo día de 1481 la aparición de la imagen en el pino, aunque se trata de una fecha transmitida por la tradición y no de un acontecimiento históricamente documentado con exactitud.
Por eso la gran peregrinación se produce durante la noche del 7 al 8 de septiembre.
De los caminos reales a las carreteras
Durante siglos no había autobuses especiales, carreteras cerradas ni grandes dispositivos de seguridad.
Los peregrinos llegaban utilizando los caminos que comunicaban los distintos pueblos de Gran Canaria con Teror. Muchos de esos itinerarios eran caminos reales, las antiguas vías que conectaban los municipios de la isla.
La costumbre sobrevivió a la llegada de las carreteras y de los vehículos. Hoy miles de personas siguen haciendo a pie una parte o la totalidad del recorrido, aunque los itinerarios y la organización han cambiado radicalmente.
La imagen de grupos caminando durante horas hacia Teror la noche anterior al Pino es, por tanto, la versión actual de una costumbre que ya practicaban los grancanarios hace varios siglos.
Una fiesta que ya es de Interés Turístico Nacional
La importancia de la celebración recibió este año otro reconocimiento. La Fiesta del Pino fue declarada de Interés Turístico Nacional en 2026.
La documentación que respaldó la declaración calcula que los actos de septiembre congregan anualmente a más de 200.000 personas entre residentes de Gran Canaria, visitantes del resto del Archipiélago, peninsulares y extranjeros.
Pero probablemente el mejor resumen de lo que ocurre esta noche sea mucho más sencillo.
Miles de personas volverán a salir de sus casas para hacer lo mismo que hicieron generaciones anteriores: poner rumbo a Teror.
Algunos llegarán para rezar ante la Virgen. Otros para agradecer algo. Otros cumplirán una promesa. Y muchos simplemente caminarán porque septiembre en Gran Canaria lleva siglos significando una cosa: hay que ir al Pino.














