El Gobierno de Canarias ha aprobado el proyecto de Presupuestos Autonómicos para 2026, una hoja de ruta marcada por el gasto social expansivo y, paradójicamente, una profunda incertidumbre sobre el soporte financiero estatal y las perspectivas económicas del Archipiélago. El presupuesto se eleva a 12.491,4 millones de euros, un incremento del 7% respecto al año anterior, con un claro foco en la tributación y el gasto social.
La consejera de Hacienda, Matilde Asián, presentó las cifras en un entorno macroeconómico sombrío: la previsión de crecimiento económico para 2026 se sitúa en un «estancamiento» del 1,9% del PIB, una fuerte desaceleración respecto al 2,9% estimado para el cierre de 2025. A ello se suma la persistencia del desempleo, que no se espera que baje del 12,8%. Asián hizo hincapié en la falta de colaboración de Madrid, señalando que las cuentas se han definido sin que el Gobierno central haya aprobado el objetivo de estabilidad presupuestaria ni haya comunicado las partidas específicas destinadas a Canarias, creando un déficit de planificación.
En el ámbito de los impuestos especiales, las cuentas de 2026 implementan un enfoque fiscal con motivaciones de salud pública y adaptación europea: Se grava el consumo de bebidas energéticas al 15% y las refrescantes en función de su contenido de azúcares, siguiendo tendencias sanitarias europeas, se aprueba una subida «ligera» del impuesto sobre las labores del tabaco para armonizar su diferencial con el resto de España y la Unión Europea y se va a incluir el aceite vegetal hidrogenado como biocarburante con un 0% de IGIC.
El presupuesto, que reduce la partida de inversiones reales debido a la reprogramación del convenio de carreteras, prioriza el gasto social (Sanidad, Educación y Políticas Sociales) y lanza un mensaje a los inversores y a los jóvenes: el estímulo fiscal es el mecanismo elegido para contrarrestar la ralentización económica prevista.













