
Este lunes, las calles de Canarias no han sido una excepción en el estallido de malestar que ha recorrido España pero mientras en el resto del país cuentan con el respaldo de las grandes patronales en las islas, tan dadas a organizaciones empresariales, ninguna en la ótbita de la CEOE o Cámaras de Comercio se han sumado- ¿Motivo? Los autónonos no tienen poder de firma en el BOC. Lo que empezó hace unos meses como una protesta puntual de la Plataforma 30N, se ha convertido en una movilización masiva que ha plantado cara en 40 ciudades de todo el país. Los autónomos de las islas, que se han movilizado en cinco islas distintas, han querido dejar claro que su situación no aguanta más parches: o llega una justicia fiscal real o el pequeño comercio terminará por desaparecer.
El colectivo, que suma ya 3,4 millones de trabajadores en todo el Estado, buscaba este 2 de marzo dar un golpe sobre la mesa y superar los 80.000 asistentes de la última convocatoria. En Canarias, el mensaje ha sido especialmente duro por el factor de la insularidad, que encarece todo aún más. Durante la lectura del manifiesto, se escucharon verdades que duelen: «un autónomo no puede permitirse el lujo de ponerse enfermo o de cogerse una baja sin que eso signifique bajar la persiana definitivamente». Esa es la realidad de quien levanta el país pero no tiene red de seguridad.
La bronca principal no es solo por pagar impuestos, sino por un sistema de cuotas que muchos ven como una condena a muerte. Los portavoces han alertado de que la cifra de cierres da miedo: entre 20.000 y 30.000 negocios bajan la persiana cada año en España porque las cuentas simplemente no salen. Con la luz, el transporte y los suministros por las nubes, los manifestantes han sido tajantes: «si el Gobierno no actúa pronto, miles de familias en el Archipiélago verán cómo desaparece su único medio de vida».
Esta jornada del 2 de marzo, que algunos ya llaman el ’30 de febrero’ por lo simbólico de la fecha, marca un antes y un después. No ha sido una protesta solo de Madrid o Barcelona; desde Arrecife hasta Vigo, los autónomos han demostrado que están más unidos que nunca. Ya no se conforman con palmaditas en la espalda; exigen que dejen de verlos como cajeros automáticos y empiecen a tratarlos como trabajadores con derechos. La pelota está ahora en el tejado de las administraciones, y el sector ya avisa: no se van a cansar de salir a la calle.














