
La crisis habitacional ha impulsado la búsqueda de alternativas rápidas, sostenibles y asequibles para garantizar alojamiento al creciente número de estudiantes universitarios. En países como Alemania, Países Bajos, Francia o los países nórdicos, las residencias universitarias modulares se han convertido en una vía eficaz para ampliar la oferta de plazas en poco tiempo y con menor impacto ambiental. Estas construcciones, levantadas a partir de módulos prefabricados, permiten crear campus completos en cuestión de meses, frente a los años que suelen requerir los proyectos tradicionales. El Parlamento de Canarias lleva tiempo barajando esta idea, que fue tratada en la comisión este viernes.
El modelo modular ha avanzado especialmente en ciudades con tensiones severas en el mercado del alquiler. Berlín, por ejemplo, ha desplegado complejos estudiantiles de madera industrializada que combinan bajo consumo energético, espacios comunes amplios y alquileres regulados. En Ámsterdam, donde la vivienda para jóvenes se ha vuelto inaccesible, los módulos flotantes -una innovación ya consolidada- sirven como residencias universitarias temporales y altamente eficientes. Esta expansión responde a una necesidad compartida: los estudiantes se han convertido en uno de los colectivos más golpeados por los precios desorbitados del alquiler.
La diputada de Nueva Canarias Bloque Canarista Carmen Rosa Hernández subraya la dimensión del problema en las islas: «Por la crisis habitacional, acceder a un piso en las ciudades universitarias es casi imposible, a pesar de que Canarias tiene más de 200.000 viviendas vacías». Para Hernández, antes de pensar únicamente en construir nuevas infraestructuras, es esencial revisar el uso del parque inmobiliario existente. «Es más sostenible y rápido usar las viviendas vacías», advierte, recordando que la falta de alternativas no es solo un problema económico, sino también social y educativo.
En Canarias, la presión habitacional tiene efectos directos sobre el acceso a la educación superior. Según la diputada, «esta problemática impide al alumnado acceder a un derecho básico». Al no encontrar vivienda disponible o asequible cerca de los campus, muchos jóvenes optan por renunciar a estudios universitarios o asumir desplazamientos largos y costosos. «Es una cuestión preocupante, cada vez los chicos y chicas canarios se ven obligados a ir a estudiar fuera porque en otras comunidades hay más vivienda», lamenta Hernández.
Europa, sin embargo, está demostrando que la combinación entre recuperación de viviendas vacías y soluciones modulares puede reducir la brecha habitacional. Ciudades como Viena o Copenhague han puesto en marcha programas que reconvierten edificios en desuso -desde oficinas hasta antiguas residencias de mayores- y los complementan con módulos prefabricados que se integran en los campus o en solares urbanos infrautilizados. Esta dualidad permite acelerar la creación de plazas y optimizar recursos, sin multiplicar el consumo de suelo.
El Parlamento de Canarias ya ha mostrado interés en esta línea, tal como recuerda Hernández: «Este Parlamento aprobó una iniciativa sobre las viviendas modulares. Existen campus de alta calidad y sostenibles modulares». La experiencia europea demuestra que estas soluciones pueden ofrecer entornos confortables, eficientes y económicos, siempre que formen parte de una estrategia integral de vivienda. Mientras tanto, los estudiantes siguen esperando una respuesta estructural que garantice que estudiar en Canarias no dependa, cada vez más, de encontrar un techo bajo el que vivir.














