
El Gobierno de Canarias ha recibido en una tanda de liquidez un total de 1.727.125.999,85 euros procedentes de los fondos europeos Next Generation EU. Sin embargo, según el último informe oficial de febrero de 2026, todavía queda pendiente de gastar la mayor parte de ese dinero. Hasta el cierre del ejercicio 2024, la comunidad autónoma solo ha logrado ejecutar 674.433.339,76 euros, lo que representa apenas el 39% del total asignado.
Esto significa que, con el plazo final fijado en el año 2026, el Gobierno regional tiene ahora la presión de gestionar más de 1.050 millones de euros en muy poco tiempo para evitar tener que devolverlos a Bruselas. La situación es especialmente delicada porque el ritmo de gasto no ha sido constante. Mientras que en 2023 se alcanzó un máximo de 307 millones de euros ejecutados, en 2024 la cifra cayó a menos de la mitad, situándose en 148,8 millones. El Gobierno explica que este parón se debe a que muchos proyectos terminaron en 2023 y los nuevos todavía están en fase de licitación o papeleo, por lo que el grueso del gasto real se espera para lo que queda de 2025 y 2026.
El principal problema es que estos fondos no funcionan como las subvenciones normales; están ligados al cumplimiento estricto de objetivos y fechas. Si los proyectos no se terminan a tiempo, el dinero se pierde. La administración canaria reconoce que está teniendo serias dificultades para manejar tanto volumen de dinero con «recursos limitados» y una normativa europea que es mucho más exigente y complicada que la habitual.
Por departamentos, la velocidad es muy desigual. La Consejería de Turismo y Empleo es la que más dinero ha conseguido mover, con más de 182 millones de euros. En cambio, otras áreas como Agricultura o el Servicio Canario de Salud han mostrado una ejecución mucho más baja en el último año, y el Servicio Canario de Empleo incluso refleja cifras negativas en 2024 debido a devoluciones de dinero que no se llegó a usar correctamente.
Canarias se encuentra en una carrera contra el reloj. Tiene las cuentas bancarias llenas de fondos europeos, pero se enfrenta al enorme reto de convertirlos en obras, contratos y servicios antes de que expire el plazo.














