¿Puede la izquierda sobrevivir abrazando los valores de la derecha? La Agrupación Socialista Gomera (ASG) de Casimiro Curbelo ha exportado a Canarias el exitoso modelo de los socialdemócratas daneses: un «socialismo de orden» que sacrifica el progresismo cultural para blindar el Estado de bienestar y la identidad territorial. Analizamos el fenómeno del «pan y la cruz», la estrategia que utiliza el presupuesto público como escudo frente a la incertidumbre global y que ya marca el camino para la nueva política de la España vaciada.
Pocos casos resultan tan interesantes para un observador de la política canaria como la ASG. Mientras las capitales canarias de Las Palmas y Tenerife se fracturan en una polarización estéril entre el progresismo urbano y el populismo reactivo, el feudo de Casimiro Curbelo ha perfeccionado una síntesis que desafía los manuales de La Laguna: el pragmatismo del «pan y la cruz». Es un socialismo de vieja escuela, protector y asistencialista, que opera con la disciplina y los valores de una derecha sistémica y conservadora.
El pragmatismo del «pan y la cruz» es, en realidad, el descubrimiento de que el ciudadano medio no quiere ser libre en un mercado salvaje ni progresista en una sociedad líquida; quiere comer caliente y saber que su mundo no va a cambiar mañana sin su permiso.
El modelo más cercano a ASG es de los Socialdemócratas Daneses (Socialdemokratiet) de Mette Frederiksen. Aunque operan en escalas distintas —una isla frente a un Estado soberano—, ambos comparten una arquitectura ideológica idéntica: el bienestarismo chovinista. En Dinamarca los socialdemócratas defienden el Flexicurity. Creen en un mercado libre, pero con una red de seguridad estatal tan masiva que el ciudadano nunca siente miedo al riesgo. El Estado es el «padre» que garantiza sanidad, educación y pensiones de oro.
Traquilidad
Tanto ASG como el partido danés representan el éxito de una izquierda pragmática y defensiva. Han detectado que el votante medio no quiere revoluciones culturales, sino que le arreglen el centro de salud, le aseguren el trabajo y no le toquen sus costumbres. Es el triunfo del socialismo de orden: una ideología que usa los impuestos de la izquierda para financiar la tranquilidad de la derecha.
El conservadurismo es territorial y antropológico de ASG no se pierde en debates sobre identidades de género o globalismo; su «cruz» es la defensa de la identidad gomera, las tradiciones locales y una estructura jerárquica de mando. Es un socialismo que abraza el territorio y la tradición insular frente a las injerencias externas (ya vengan de Madrid o de Las Palmas).
Activo subyacente
Este fenómeno, que podríamos llamar ‘La Internacional de los Pueblos Ordenados’, está ganando terreno en la España vaciada y en formaciones regionalistas que observan con envidia el éxito electoral de Casimiro Curbelo. El espejo danés y el modelo gomero convergen en una idea revolucionaria para la izquierda tradicional: el bienestar no se puede sostener sin fronteras (físicas o administrativas) y sin orden social.
Informes de la Audiencia de Cuentas de Canarias han señalado históricamente el peso desproporcionado del empleo público y las transferencias corrientes en la economía gomera, una estrategia que en los mercados de capitales se calificaría de gestión de activos defensivos, pero que en la política insular es, sencillamente, la base de la estabilidad social.
Aceleración
Este fenómeno no es una anomalía aislada según el European Council on Foreign Relations (ECFR). Es un síntoma de una tendencia global que hay en otras latitudes. Desde el proteccionismo obrero de Marine Le Pen en los distritos industriales de Francia, hasta el estatismo ultracatólico del PiS en Polonia, el socialismo conservador está ganando la batalla por el «corazón del votante de orden». Es una oferta política que promete la seguridad económica del Estado de bienestar junto a la seguridad identitaria de los valores tradicionales. En un mundo volátil, el votante prefiere el refugio de una estructura conocida a la incertidumbre del progreso acelerado.
Este modelo no busca la revolución, sino la preservación. ASG ha entendido que en territorios demográficamente frágiles, el mercado libre es a menudo un vecino hostil. Su «socialismo» se manifiesta en un intervencionismo económico quirúrgico, donde el sector público no es un regulador, sino el principal motor de empleo y cohesión. Es una redistribución de rentas que garantiza la paz social mediante la dependencia del presupuesto administrativo, una estrategia que en los mercados de capitales se calificaría de gestión de activos defensivos, pero que en la política insular es, sencillamente, supervivencia.
Costumbre
Sin embargo, tras el puño que reparte el pan se esconde la cruz de la tradición. El ADN de la ASG es profundamente conservador en lo antropológico y sistémico. Su estructura es personalista, jerárquica y refractaria a los experimentos sociales que agitan las sedes del PSOE o Drago Canarias o Nueva Canarias. Para Curbelo, la estabilidad no es una opción, es el activo subyacente. Esta dualidad le permite sentarse a negociar con la derecha del PP o la izquierda sistémica con la misma frialdad transaccional: el color del gobierno regional es irrelevante siempre que se respete el statu quo y el flujo de recursos hacia la isla colombina.
En última instancia, la Agrupación Socialista Gomera representa la victoria del localismo frente a la ideología. En las mesas de negociación de Canarias, la ASG no vende manifiestos, vende estabilidad. Es un partido que utiliza herramientas de izquierda para blindar un modo de vida conservador, demostrando que, en la periferia del capitalismo europeo, la verdadera moneda de cambio no es el eje izquierda-derecha, sino la capacidad de mantener el control del territorio mediante una mezcla imbatible de subsidio y costumbre.














