
En un archipiélago lleno de sol y palmeras, vivían muchos animalitos felices: conejitos, tortugas, gaviotas y dragones pequeñitos. Todas las islas tenían escuelas, parques y casas, gracias a un gran Cofre de Oro que cada año el Presidente del Reino Lejano prometía enviar.
Pero un día, el conejo Gervasio, que era muy sabio y valiente, descubrió que el Cofre no llegaba. “¡Oh, no!”, exclamó. “El gigante del castillo lejano se ha quedado con más de 200 millones de monedas que debían llegar a nuestras islas.”
Las monedas eran muy importantes:
Había monedas rojas para construir casas en La Palma.
Había monedas verdes para mejorar las carreteras y los caminos.
Y monedas doradas para ayudar a los barcos y aviones que traían regalos y turistas.
Gervasio reunió a los demás animalitos en el Parlamento de las Islas, un gran árbol hueco donde todos podían hablar. Allí les dijo:
—No podemos esperar a que el gigante haga lo que prometió. ¡Tenemos que proteger nuestro Cofre de Oro!
El zorro del Consejo, que era un poco confiado, dijo que el gigante cumpliría sus promesas. Pero Fernando agitó sus largas orejas y explicó:
—No podemos fiarnos solo de palabras bonitas. Debemos vigilar cada moneda y asegurarnos de que llegue a quienes la necesitan.
Entonces, Fernando y sus amigos idearon un plan:
La tortuga mensajera llevaría cartas mágicas al castillo del gigante.
La gaviota exploradora sobrevolaría los caminos del Cofre para vigilar que ningún ladrón se lo llevara.
Y los dragones pequeñitos protegerían las monedas durante el viaje.
Gracias a su valentía y a la colaboración de todos, el Cofre de Oro empezó a llegar poco a poco a todas las islas. Las escuelas pudieron arreglar sus patios, las casas se construyeron y los barcos y aviones siguieron trayendo regalos y turistas.
Y así, los animalitos aprendieron algo muy importante: cuando todos trabajan juntos y cuidan de lo que es de todos, incluso los gigantes más poderosos no pueden impedir que los tesoros lleguen a su destino.
Y colorín colorado… ¡el Gran Cofre de Oro sigue llegando cada año, gracias al conejo Fernando y sus amigos del archipiélago!














