
Cuando el proveedor mete en un lío reputacional al cliente. En política, la coherencia es un lujo que no todos se pueden permitir, pero lo ocurrido estas Navidades en el Parlamento de Canarias roza el cinismo institucional. Mientras el Gobierno bombardea a la ciudadanía con campañas de «consume lo nuestro» y el BOC se llena de subvenciones para la «soberanía alimentaria», la Cámara decidió que el paladar de sus 70 diputados está muy por encima del producto local, según CanariasAhora.
El decano digital de Canarias no apuntó dato alguno sobre el AIEM que pagó el importador para proteger a Galletas Bandama o Montesano. O que es imposible que haya proveedores de mejillones canarios porque el Parlamento de Canarias hace años que prohíbe esta práctica en islas como Fuerteventura. También ha sido el Parlamento de Canarias el que ha regulado que las islas tengan que proveerse de semillas de papas de Escocia con el eterno argumento fitosanitario.
El 2026 arranca con una clase política que desayuna Escocia mientras predica Canarias. Según información de CanariasAhora, el agasajo navideño de sus señorías ha consistido en una caja gourmet donde el gran ausente ha sido, precisamente, Canarias. En un desplante sin precedentes al sector primario de las islas, el Parlamento ha optado por importar el espíritu navideño desde Escocia y la España continental.
Según Canarias Ahora, la caja incluía: Vino Ribera del Duero, «varias latas» gourmet de atún y mejillones Tito, procedentes de Galicia; una botella de aceite extremeño de la marca La Chinata; una selección de jamón de Jabugo de Huelva (Cinco Jotas), “patatas fritas” marca Bonilla a la Vista (La Coruña); un cóctel premium en frasco de aceite y pimentón de la empresa Finca La Rosala (Ciudad Real); pan de olivo con romero y aceite de la compañía Ultramarinos Zappa’s (Madrid), y galletas de Escocia (marca Walkers).
El inventario de la hipocresía
La cesta, encargada a una tienda de ultramarinos que trabaja con marcas foráneas, es un catálogo de productos que podrías encontrar en cualquier milla de oro de Madrid o Londres, pero difícilmente en un mercadillo del agricultor:
El menú del desprecio: Conservas gallegas de atún y mejillones, aceite de Extremadura, jamón de Jabugo (Huelva), patatas fritas de La Coruña y pimentón de Ciudad Real. El toque internacional: Como si los dulces de Tejeda o los de La Gomera no fueran suficientes, el Parlamento incluyó galletas de mantequilla importadas de Escocia.
El silencio de los «perros de guardia»
Lo más sangrante de este banquete de la desconexión no es solo el regalo en sí, sino quiénes callan. El lobby de las asociaciones de la soberanía alimentaria esas que ocupan sillas en el Observatorio del Comercio de Canarias y la Comisión de Precios, no han emitido ni una sola queja. Su silencio confirma que estas entidades, integradas en el engranaje oficial, han perdido su capacidad de fiscalización para convertirse en meros espectadores del ‘Cártel de las RUP’. Del derechista Vox no se iba a esperar una queja pero al menos de sí de los bloques que gestionan soberanía alimentaria en islas como Gran Canaria.
Dos meses después del discurso ‘Km0’
Mientras el cártel de las RUP con agricultores canarios al frente luchan contra los costes de producción, sus representantes celebran las fiestas con productos que han tenido que recorrer miles de kilómetros para llegar a sus despachos. Las campañas de Km0 son para el pueblo; nuestro paladar es gourmet y de importación.
Noticia escrita por Gara H. Vega. Editado y verificado por José L. Jiménez. Información cruzada sin filtros institucionales. Este análisis no ha sido financiado por publicidad oficial ni condicionado por intereses de lobby.














