
La brecha económica entre las islas de Canarias ha dejado de ser una grieta para convertirse en un abismo. Según datos que manejan los sectores comerciales y que Hacienda ya observa con lupa, La Gomera paga hasta un 35% más por servicios y suministros básicos que las islas capitalinas. Este sobrecoste no es solo una cuestión de lejanía; es el síntoma definitivo de que el Régimen Económico y Fiscal (REF) ha dejado de funcionar como mecanismo compensatorio, convirtiendo el hecho de vivir en una «isla menor» en una carga fiscal de facto que ninguna subvención actual logra mitigar.
El informe que Hacienda maneja en privado sobre la insostenibilidad del sistema apunta directamente a casos como el gomero. En la isla colombina, el coste de la energía para las pymes y el precio de los materiales de construcción se han disparado por encima de cualquier previsión oficial. La parálisis en la modernización del transporte marítimo, sumada a un REF que no ha sabido adaptarse a la inflación logística de 2026, ha generado una inflación de doble insularidad que asfixia tanto a las familias como a las administraciones locales, obligadas a gastar un tercio más de su presupuesto solo para mantener los servicios más elementales.
Desde la Consejería de Hacienda ya se asume que este diferencial del 35% es fiscalmente inasumible para cualquier plan de convergencia. El sistema de ayudas directas al transporte ha demostrado ser un parche que no ataja el problema de raíz: el margen de beneficio de los operadores logísticos y el tamaño reducido del mercado gomero. La administración admite que no puede seguir inyectando dinero en un pozo donde cada euro rinde un 35% menos que en el resto del archipiélago, lo que anticipa un cambio de modelo que podría pasar por incentivos fiscales agresivos y específicos para la isla.
Admitir que vivir en La Gomera es un 35% más caro es reconocer que el autogobierno ha fallado en su misión principal: la cohesión territorial. Si en 2026 no se produce una reforma profunda que obligue al Estado a cubrir este desfase estructural, la ‘Canarias de dos velocidades‘ dejará de ser una metáfora para convertirse en un conflicto social. Por ahora, el silencio de Hacienda en público contrasta con el vértigo de sus notas internas: el modelo actual está quebrado y La Gomera es la primera en pagar la factura de esa insolvencia.














