La Ley 9/2025 de Presupuestos Generales de Canarias para 2026 introduce una reestructuración del Impuesto General Indirecto Canario que, bajo la apariencia de ajustes técnicos menores, altera la arquitectura tributaria del consumo en el Archipiélago. La modificación más relevante es la creación de un tipo del 1% para las entregas e importaciones de petróleo y productos derivados, que hasta ahora tributaban al 0%. La operación no es neutral: Hacienda elimina simultáneamente el gravamen del AIEM sobre combustibles, sustituyendo un arbitrio sobre importaciones por un impuesto indirecto general. El efecto neto sobre el precio final del combustible dependerá de la diferencia entre lo que se deja de pagar por AIEM y lo que se empieza a pagar por IGIC, pero el cambio de base legal tiene implicaciones de largo alcance porque el IGIC, a diferencia del AIEM, no requiere autorización de la Comisión Europea para su modificación.
En el capítulo de salud pública, las bebidas energéticas pasan de tributar al 7% a un nuevo tipo del 15%, más del doble, mientras las bebidas azucaradas suben del 5% al 7% con una graduación por contenido de azúcares añadidos que oscila entre el 3%, el 5% y el 7%. Como contrapeso, se mantienen las exenciones en camas médicas y equipos hospitalarios, y se amplían las relativas a servicios de asistencia social. La reforma también deflacta la tarifa autonómica del IRPF un 2,1%, ajustando los tramos a la inflación para evitar que la progresividad en frío eleve la presión fiscal real sobre las rentas medias, y amplía las deducciones por inversión en sociedades con domicilio fiscal y social en Canarias.
Leída en conjunto, la reforma tiene una lógica interna coherente: ampliar la base imponible del IGIC incorporando productos que estaban exentos o a tipo cero, incrementar la tributación de productos con externalidades sanitarias negativas, y compensar parcialmente la presión fiscal con la deflactación del IRPF y nuevos incentivos a la inversión empresarial local. Que el combustible pase de tributar al 0% al 1% en unas islas donde el transporte marítimo y terrestre es la columna vertebral de la cadena de suministro no es un gesto simbólico: es un cambio que impactará en los costes logísticos de cada producto que llega a las estanterías del Archipiélago.















