El sur de Tenerife se ha convertido en un laboratorio involuntario de un fenómeno que la literatura académica ya etiqueta como desposesión residencial por vía de mercado. Los datos notariales señalan que municipios como Adeje y Arona registran porcentajes de compraventa a no residentes que rozan el 50% del total, una cifra que en términos europeos solo encuentra comparación con ciertos enclaves de la Costa Azul y con la propia Malta.
La fotografía se completa al cruzar los registros del INE, que contabilizan más de 211.000 viviendas desocupadas en el archipiélago frente a un déficit habitacional estructural estimado en 44.000 unidades, una asimetría que explica mejor que cualquier discurso político por qué el precio del alquiler en las islas ha crecido de forma acumulada muy por encima del promedio nacional entre 2022 y 2025 según los registros de los principales portales inmobiliarios.
Por otro lado, el capital global, canalizado a través de fondos patrimoniales domiciliados en Luxemburgo y vehículos de inversión anglosajones, ha detectado en Canarias un activo raro: seguridad jurídica europea, clima garantizado y una fiscalidad del IGIC que convierte la promoción en un negocio de márgenes muy superiores a los de la Península.
La consecuencia inmediata es un efecto expulsión que no tiene, por ahora, respuesta normativa eficaz. Los intentos recientes de limitar las adquisiciones por no residentes chocan con el Derecho comunitario y con los acuerdos bilaterales que protegen el libre movimiento de capitales, un muro jurídico que ninguna ley autonómica podrá sortear sin desencadenar recursos ante Luxemburgo.
En los próximos meses cabe esperar una intensificación del debate sobre la creación de un registro único de titularidad efectiva, una herramienta que permitiría al menos iluminar los balances opacos donde hoy se acumulan viviendas como activo refugio. Mientras tanto, el residente canario seguirá compitiendo por un parque inmobiliario cuya propiedad se decide, cada vez más, en despachos de Frankfurt, Dublín y Singapur.














