
El PP de Canarias es una mutación ‘izquierdista’ de un partido que cambió la ideología por la gestión del subsidio. Un socio cómodo para Coalición Canaria, que no quiere contar con respaldos de Vox y que lo mantiene aunque no lo soporte por si le sirve de pegamento con Vox en 2027.
Mientras en Madrid el Partido Popular se endurece para no perder el aliento frente a Vox, en Canarias el PP ha desarrollado una dermis distinta, una especie de ala izquierda pragmática. No es una cuestión de ideología, sino de geografía del poder. Al gobernar con CC, el PP de Manuel Domínguez ha tenido que absorber el ADN de su socio: un regionalismo que vive de la subvención pública, del proteccionismo y de una dependencia absoluta del Estado. El PP canario no es liberal; es un gestor de la dependencia que, para no parecer el «invasor centralista», ha adoptado un discurso socialdemócrata de bajo perfil.
Las proyecciones para las elecciones autonómicas de Canarias en 2027 recopiladas por Gemini IA de Google dice que «el PSOE se consolida como primera fuerza con una estimación de voto entre el 21,7% y el 27,8%». Y CC quiere gobernar entre 2027 y 2031. La idea que tienen los nacionalistas no es gobernar con Vox sino que el PP canario agregre lo que haya del partido derechista de Santiago Abascal.
La paradoja es casi pornográfica. El mismo partido que en la península exige recortes y eficiencia, en las islas firma resoluciones para estabilizar a miles de ordenanzas y telefonistas (BOC 39 2026, Anuncio 630) y permite que la sanidad sea un ecosistema de compatibilidades privadas. Es un PP que se siente cómodo en el gigantismo administrativo. Han comprendido que en Canarias el voto no se conquista con la libertad de mercado, sino con el control del Boletín Oficial. Por eso, su «ala izquierda» no es más que la aceptación de que aquí el Estado es el único cliente que paga a tiempo.
Esta mutación convierte al PP canario en un verso suelto dentro de España. Mientras Feijóo busca cerrar acuerdos de Estado bajo una lógica de bloques, en las islas el PP se funde con el nacionalismo de CC en una masa indistinguible de burocracia y cemento. Es una izquierda de derechas: defienden el orden y la propiedad, pero viven del convenio, la adenda y el fondo europeo. Son el partido del orden en un archipiélago que solo sobrevive gracias al caos de las transferencias estatales. El PP canario es a la derecha española lo que una planta tropical a un pinar: la misma especie, pero deformada por la humedad de las subvenciones y la necesidad de parecer tan ‘de la tierra’ como su socio nacionalista.











