La última Encuesta de Ingresos y Condiciones de Vida de los Hogares Canarios (EICVHC), elaborada por el Instituto Canario de Estadística (ISTAC) a fecha de 30 de septiembre sobre una muestra de 4.630 hogares y 11.181 personas, con un universo de 1.997.902 habitantes, dibuja una fractura institucional de gran profundidad en el Archipiélago. La pregunta P68, que mide el grado de confianza personal en una escala de 0 a 10, coloca en los extremos a las instituciones vinculadas a la seguridad y al sistema político. Policía, Guardia Civil, Ejército y cuerpos policiales aparecen entre los organismos que mayor confianza despiertan entre los canarios, mientras que el sistema político concentra las respuestas más bajas. La justicia queda en una posición intermedia, con una distribución mucho más repartida entre la desconfianza, la confianza moderada y los niveles altos.

La edad introduce una diferencia especialmente significativa. Los ciudadanos de 16 a 29 años concentran los niveles más bajos de confianza en el sistema político y una mayoría muy amplia de este segmento se sitúa en los tramos de 0 a 4. El patrón se mantiene entre los adultos de 30 a 44 años, aunque con una intensidad algo menor. Entre los mayores de 44 años también existe una desconfianza mayoritaria hacia el sistema político, pero adquieren mayor peso las posiciones intermedias, especialmente las situadas entre 5 y 6 puntos. La desafección atraviesa, por tanto, al conjunto de la sociedad canaria, aunque encuentra su expresión más intensa entre los menores de 45 años.
Policía, Guardia Civil y Ejército arrasan
Los datos dibujan un contraste difícil de ignorar. Las instituciones relacionadas con la seguridad y la defensa se sitúan en la parte alta de la confianza ciudadana, muy por encima del sistema político. En el desglose profesional, las fuerzas de seguridad alcanzan una media de 6,8 puntos entre directores y gerentes y de 6,3 entre empleados administrativos y de apoyo. El respaldo se mantiene cuando se observa la variable de edad, con los grupos de 16 a 29 y de 30 a 44 años otorgando a policías y Ejército niveles elevados de confianza.
La fotografía resulta especialmente significativa porque son precisamente esos mismos grupos de edad los que presentan los niveles más bajos de confianza hacia el sistema político. Las respuestas de la encuesta dibujan dos percepciones institucionales que avanzan en direcciones opuestas: confianza elevada hacia quienes representan la seguridad y una relación mucho más deteriorada con quienes representan la política. No es una diferencia limitada a un determinado grupo profesional. El contraste aparece en los distintos segmentos analizados por el ISTAC.
La política se queda en el fondo
En el extremo contrario aparece el sistema político, que en la encuesta agrupa al Gobierno, los partidos políticos y los sindicatos. El 54,71% de la población canaria se sitúa entre 0 y 4 puntos de confianza, un porcentaje que equivale a 1.093.014 personas tomando como referencia el universo de población utilizado por el estudio. En el extremo superior de la escala, entre 9 y 10 puntos, apenas aparece el 3,35%, equivalente a 66.905 ciudadanos.
La distancia entre ambos extremos resulta mucho más contundente que cualquier valoración media. Más de la mitad de la población se coloca en la zona baja de la escala, mientras que quienes expresan una confianza máxima representan una minoría muy reducida. En el desglose profesional, los directores y gerentes otorgan al sistema político una media de 3,7 puntos y los empleados administrativos y de apoyo la sitúan en 3,2.
El dato tiene una lectura política evidente por el momento en que se produce. Canarias está gobernada por Coalición Canaria y Partido Popular, pero la P68 no pregunta por la confianza específica en esas dos formaciones ni permite atribuirles directamente el 54,71% de desconfianza. Lo que mide es la relación de los ciudadanos con el sistema político en su conjunto. La cifra sí retrata un clima de desconfianza institucional que afecta al espacio en el que se desenvuelve el actual Gobierno autonómico.
Los menores de 45 años concentran el desencanto
La variable de edad ofrece uno de los datos más significativos de toda la encuesta. Los jóvenes de 16 a 29 años son quienes presentan los niveles más agudos de desconfianza hacia el sistema político. Una amplísima mayoría se concentra en los tramos de 0 a 4 puntos, los niveles más bajos de la escala utilizada por el ISTAC. Entre los ciudadanos de 30 a 44 años la pauta vuelve a aparecer, con una presencia también elevada de respuestas en esos niveles.
Los grupos de mayor edad tampoco muestran una confianza mayoritaria en la política. La diferencia está en la forma en que distribuyen sus respuestas. Entre adultos maduros y mayores adquieren más peso los tramos de 5 y 6 puntos, una zona de confianza moderada que tiene menor presencia entre los menores de 45 años. El rechazo más intenso se concentra así entre las generaciones jóvenes, mientras que las mayores presentan una posición algo menos extrema, aunque la desconfianza continúa siendo mayoritaria.
La encuesta permite observar de este modo una fractura generacional que acompaña a la fractura institucional. Los jóvenes no solo confían menos en el sistema político; al mismo tiempo, mantienen una valoración elevada de las instituciones de seguridad. La distancia entre ambas percepciones es uno de los rasgos más marcados de la P68.
La justicia queda atrapada en la zona intermedia
El poder judicial presenta una fotografía diferente. Las respuestas están mucho más repartidas y no reproducen ni la concentración de confianza que aparece en las fuerzas de seguridad ni la acumulación de desconfianza que registra el sistema político. El tramo de 0 a 4 puntos reúne al 28,91% de la población, unos 577.543 residentes, mientras que la valoración situada entre 5 y 6 puntos concentra al 29,48%, equivalente a 588.953 ciudadanos.
Los niveles superiores tienen también un peso relevante. El 22,31% de los encuestados se sitúa entre 7 y 8 puntos y el 9,73% alcanza la franja de 9 a 10. La distribución muestra una confianza judicial mucho más fragmentada, sin la concentración extrema que presenta el sistema político en la parte baja de la escala.
El desglose profesional mantiene esa posición intermedia. Los directores y gerentes conceden a la justicia una media de 5,8 puntos, mientras que los empleados administrativos y de apoyo se quedan en 5,0. La media general se sitúa en 5,2 puntos.
Entre los jóvenes de 16 a 29 años y los adultos de 30 a 44 años aparecen dudas persistentes y niveles de confianza moderados ante el funcionamiento del aparato judicial. La encuesta sitúa así a la justicia en una zona distinta a los dos grandes polos de la P68: no alcanza el respaldo de las instituciones de seguridad, pero tampoco acumula el grado de desconfianza del sistema político.
Un mapa institucional partido en dos
La fotografía que deja la encuesta es difícil de reducir a una sola cifra. La confianza de los canarios está claramente estratificada según la institución que se someta a valoración. Policía, Guardia Civil, Ejército y cuerpos policiales ocupan la parte alta. El sistema político queda en la parte baja. La justicia se sitúa en medio, con una distribución mucho más equilibrada entre las distintas franjas de confianza.
La diferencia entre los extremos resulta especialmente contundente. El 54,71% de la población coloca su confianza en el sistema político entre 0 y 4 puntos, frente al 3,35% que la sitúa entre 9 y 10. En el caso de la justicia, ningún tramo alcanza una concentración comparable y las respuestas se distribuyen entre las distintas posiciones de la escala.
La edad introduce otra línea de fractura. Los menores de 45 años concentran los niveles más bajos de confianza política y los jóvenes de 16 a 29 años representan el grupo donde esa desconfianza alcanza su mayor intensidad. Entre los mayores también existe una desconfianza elevada, pero con mayor presencia de las posiciones intermedias.
La P68 no mide intención de voto, simpatía partidista ni valoración concreta del Gobierno de Canarias. Mide confianza institucional. Su resultado permite hablar de una distancia profunda entre la ciudadanía y el sistema político, pero no atribuir automáticamente esa distancia a una formación determinada.
Sí deja una imagen nítida del momento social del Archipiélago: la confianza se dispara en las instituciones de seguridad y se desploma cuando la pregunta se desplaza hacia la política. Y son los jóvenes, precisamente quienes tendrán que convivir durante más tiempo con las instituciones actuales, quienes expresan con mayor intensidad esa desconfianza.














