
El Gobierno de Canarias ha decidido que, si Bruselas no escucha el eco del Atlántico, quizás lo haga el del Tíber. Este viernes, una delegación canaria capitaneada por Octavio Caraballo y Luis Padilla aterriza en Roma con la maleta llena de agravios y una hoja de ruta desesperada. La excusa es un foro del Instituto Español de Análisis Migratorio (IEAM), pero el objetivo real es puro equilibrismo político: denunciar por qué Lampedusa recibe alfombra roja financiera mientras Canarias mendiga calderilla para gestionar la ruta más mortífera del planeta.
Resulta casi poético que el Ejecutivo autonómico elija la capital italiana para reclamar el ‘principio de solidaridad’ a solo cuatro meses de que el Pacto Europeo de Migración y Asilo entre en vigor. La mordacidad de la situación es matemática: mientras Italia ha logrado ‘europeizar’ su crisis recibiendo más de 450 millones de euros adicionales del Fondo de Asilo (FAMI), Canarias sigue atrapada en una dialéctica de ‘asunto doméstico’. El archipiélago acude a Roma a preguntar en voz alta por qué la solidaridad europea tiene un precio para el Mediterráneo y otro, mucho más barato, para el Atlántico.
El dato que la delegación canaria pondrá sobre la mesa es una bofetada a la burocracia comunitaria: Canarias tutela hoy a más de 5.500 menores en solitario, con un coste de 100 euros diarios por plaza que sale casi íntegramente de las arcas autonómicas. En contraste, Italia cuenta con un sistema donde la UE cofinancia de forma estructural el traslado y la acogida. Caraballo y Padilla intentarán que en Roma se entienda que no es solo una crisis de llegada, sino un expolio de recursos que deberían ir a la sanidad o educación de los canarios y que Europa prefiere ignorar tras sus despachos climatizados.
No falta ironía en el hecho de que el archipiélago tenga que ir a Italia a exigir que la Ruta Canaria deje de ser una anomalía estadística. Mientras Italia firma acuerdos de 1.000 millones de euros con Túnez bajo el paraguas de la UE, la vigilancia en el Atlántico sigue siendo un despliegue de mínimos comparado con las operaciones Tritón o Themis del Mediterráneo. La ‘Misión en Italia’ es el reconocimiento de que la diplomacia con Madrid ha tocado techo: si la solidaridad no es obligatoria y financiada -como Canarias exige para junio-, el nuevo Pacto Migratorio será solo literatura barata para un naufragio anunciado.
Habrá que ver si esta excursión romana sirve para algo más que para llenar las memorias de actividades. Si el bloque del sur no logra que los fondos europeos dejen de ser ‘a la carta’, el viaje de este viernes quedará como otra postal de la impotencia. Por ahora, Canarias grita en Roma lo que Bruselas calla: que la frontera sur más peligrosa de Europa está siendo gestionada con el presupuesto de una comunidad autónoma abandonada a su suerte.
El agravio en cifras
- Financiación: Italia recibió inyecciones de emergencia de la UE superiores a los 450M€; Canarias depende de transferencias estatales fragmentadas.
- Vigilancia: la Ruta Canaria registra 1 muerte por cada 20 intentos, una tasa de mortalidad superior a la mediterránea, pese a contar con menos activos de Frontex.
- Menores: Canarias soporta la tutela del 100% de sus menores llegados frente al sistema de reparto inmediato y financiado que Italia ha logrado imponer en sus fronteras.














