
Mientras la Consejería de Turismo sigue embriagada por los focos de IFEMA, el Grupo Parlamentario Socialista ha decidido poner los pies en la tierra… o mejor dicho, en las islas. La diputada Lucía Fuentes ha lanzado un dardo directo al corazón de la estrategia de grandes eventos del Gobierno canario, rescatando una verdad incómoda: Canarias no necesita más récords, sino mejores visitantes.
El valor de lo pequeño frente al ruido de los pabellones
Fuentes ha roto una lanza a favor de las ferias turísticas de menor dimensión. Su tesis es clara: mientras los grandes escaparates internacionales sirven para el lucimiento político y el intercambio de tarjetas de lujo, son los encuentros más íntimos los que realmente conectan con el visitante de calidad.
Ese turista, alejado del impacto mediático, es el que busca la «oferta real» del Archipiélago, el que respeta el territorio y, lo más importante, el que no viene a saturar, sino a convivir. Para el PSOE, la eficacia no se mide en metros cuadrados de stand, sino en la capacidad de segmentar la demanda hacia un modelo equilibrado.
El ‘gran secreto’ de Canarias: la movilidad interinsular
Pero el punto más mordaz de la intervención de Fuentes ha sido el tirón de orejas por la falta de información básica. Es casi kafkiano que, en la era de la digitalización y el «turismo inteligente», muchos visitantes sigan ignorando que pueden saltar de una isla a otra de forma económica.
¿Por qué es esto un fallo político grave?
- Descongestión: si el turista sabe cómo moverse, deja de apelotonarse en los puntos de siempre.
- Justicia económica: la riqueza turística no se quedaría estancada en los cuatro grandes núcleos, sino que llegaría a los rincones más castigados por la periferia.
- Experiencia de usuario: un turista que conoce su libertad de movimiento es un turista que gasta mejor y vuelve antes.
¿Hacia una promoción inteligente o solo cara?
La reflexión del Grupo Socialista pone en jaque el discurso de «soberanía turística» de la Consejería. De nada sirven las alianzas internacionales si el visitante llega a Gando o al Reina Sofía y se siente atrapado en una burbuja por falta de información útil.
La política canaria se divide ahora entre quienes cuentan visitantes por millones y quienes empiezan a contar la calidad del impacto en la ciudadanía. El debate ya no es cuánto crecemos, sino cuánto de ese crecimiento se queda en el bolsillo del canario y cuánto se pierde en el ruido de una feria de Madrid.
Noticia escrita por Gara H. Vega. Editado y verificado por Pedro Marrero. Información cruzada sin filtros institucionales. Este análisis no ha sido financiado por publicidad oficial ni condicionado por intereses de lobby.














