El sur de Lanzarote se ha convertido en un caso de estudio sobre lo que ocurre cuando la demografía desborda la infraestructura. Yaiza, un municipio que hasta hace una década apenas superaba los 10.000 habitantes, roza ya los 18.000 tras registrar un incremento poblacional del 4,5% en el último ejercicio, uno de los ritmos más intensos de todo el archipiélago. La reunión celebrada este jueves entre el presidente Clavijo y el alcalde Óscar Noda pone cifras a la distancia entre el crecimiento y la capacidad de respuesta pública: la ampliación de la depuradora de Playa Blanca, presupuestada en 11 millones de euros con carácter plurianual, llevaba años pendiente de licitación, y la modernización de la estación de bombeo de Marcastell sigue sin calendario cerrado.
En paralelo, la anexión de la escuela infantil municipal al colegio público pretende cubrir el primer ciclo completo de Educación Infantil en una zona donde la oferta educativa ha crecido a un ritmo muy inferior al de los empadronamientos. Lanzarote ganó 3.648 habitantes solo en 2024, y el 34,4% de su población ha nacido fuera de España, una proporción que sigue escalando. Lo que Yaiza revela no es solo un problema de tuberías y aulas, sino una pregunta más incómoda: si la planificación territorial canaria está diseñada para acompañar el crecimiento o simplemente para reaccionar cuando el desbordamiento ya es un hecho consumado.

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