
El Gobierno de Canarias ha descorchado el optimismo diplomático para explicar las bondades de su reciente alianza con la Universidad Mohamed VI Politécnico (UM6P) de Marruecos. En un ejercicio de equilibrismo político ante las preguntas de la oposición, el Ejecutivo presenta este acuerdo como el puente definitivo para que las universidades públicas de las islas (ULL y ULPGC) conquisten la vanguardia científica euroafricana. Sin embargo la realidad parece menos un despegue tecnológico y más una declaración de amor institucional que todavía está buscando su primera cita real.
Lo más llamativo del documento es la sinceridad -casi cruda- de la Universidad de Las Palmas de Gran Canaria, que aclara que, a día de hoy, el pacto no deja de ser un «convenio de intenciones». Mientras el Gobierno vende el fortalecimiento de ecosistemas regionales, la academia admite que están en la fase de «comenzar a generar alianzas» entre investigadores para ver si, en el futuro, pueden presentarse juntos a convocatorias que aún no existen. Es la magia de la política canaria: celebrar el éxito de un proyecto antes incluso de haber redactado las bases del mismo.
El corazón financiero de este idilio científico tiene una cifra concreta: 150.000 euros. Esa es la cantidad que el Gobierno de Canarias pondrá sobre la mesa para financiar proyectos de I+D+i, una cuantía que será «equiparada» por la contraparte marroquí. El plan es que este fondo sirva para atacar retos que suenan a guion de película de supervivencia: desertificación, gestión de recursos hídricos, seguridad alimentaria y enfermedades tropicales. Es, básicamente, un intento de comprar soluciones para el cambio climático a precio de saldo, confiando en que la «transferencia de conocimiento» sea tan fluida como la retórica oficial.
Pero no todo es romanticismo académico. El acuerdo persigue objetivos estratégicos que huelen a geopolítica de despacho:
- Movilidad bajo vigilancia: se busca facilitar el intercambio de estudiantes y profesores, siempre y cuando se firmen los «Acuerdos Específicos» pertinentes.
- Liderazgo euroafricano: Canarias quiere ser el ‘hub’ científico del Atlántico, utilizando el paraguas del programa MAC Interreg para no perder el paso ante el gigante vecino.
- Innovación «aplicada»: el texto promete que el conocimiento llegará a la industria y a la sociedad, aunque por ahora la única industria que parece beneficiarse es la de la firma de memorandos.
En definitiva, el Gobierno de Canarias ha puesto sus esperanzas (y 150.000 euros) en que Marruecos sea el socio ideal para resolver los problemas de agua y energía de las islas. Queda por ver si esta alianza se traduce en patentes y soluciones reales o si se queda en otro «Memorando de Entendimiento» que termina acumulando polvo en los archivos de la Viceconsejería.














