El vicepresidente del Gobierno de Canarias, Manuel Domínguez, aprovechó su intervención en FEAGA 2026, la feria agroganadera de Fuerteventura, para certificar lo que hace meses parecía improbable: que el POSEI sobreviva como instrumento financiero diferenciado en el próximo período presupuestario de la Unión Europea. El programa, que inyecta unos 300 millones de euros anuales al sector primario del archipiélago, corría el riesgo real de quedar absorbido por la Política Agrícola Común, un escenario que habría diluido la dotación específica para las regiones ultraperiféricas en un fondo genérico diseñado para latitudes con condiciones de producción radicalmente distintas. La enmienda impulsada por el eurodiputado canario Gabriel Mato, aprobada esta semana por la Comisión de Presupuestos del Parlamento Europeo con el respaldo de todos los grupos políticos, establece que el POSEI conservará financiación propia, independiente de la PAC, con reconocimiento expreso de la singularidad ultraperiférica, lo que constituye el primer cortafuegos institucional real frente a la tendencia centralizadora que Bruselas aplica a casi todos los capítulos de gasto.
Lo que queda por resolver es si ese blindaje nominal se traducirá en un incremento efectivo de fondos o si simplemente congela la dotación actual mientras la inflación acumulada desde 2021 erosiona su capacidad de compra real. Domínguez anunció además un paquete de ocho millones en medidas de apoyo inmediato al sector, una cifra que, comparada con los subsidios agrícolas que reciben regiones continentales de tamaño similar, evidencia la fragilidad estructural de un sector primario que representa menos del 2% del PIB canario pero del que depende la soberanía alimentaria mínima del archipiélago. La consejera de Turismo y Empleo, Jessica de León, subrayó el trabajo conjunto realizado, aunque el verdadero examen llegará cuando la Comisión Europea publique su propuesta legislativa para el marco 2028-2034 y se conozca si el compromiso político adquirido en comisión parlamentaria resiste la negociación presupuestaria final, un terreno donde las regiones ultraperiféricas históricamente pierden peso frente a los bloques de países contribuyentes netos.














