
¿Qué hace una empresa pública canaria esterilizando gatos en Lanzarote? La sociedad mercantil pública Gesplan ha consolidado una metamorfosis que la sitúa como un actor dominante y, para muchos, una amenaza directa a la libre competencia. Según un informe oficial remitido al Parlamento de Canarias en marzo de 2026, la sociedad en la órbita del partido izquierdoconservador gomero ASG estima cerrar el ejercicio 2025 con una cifra de negocio de aproximadamente 105 millones de euros, una cantidad que desafía la naturaleza de una empresa pública adscrita a la Consejería de Política Territorial y que, por mandato legal, no tiene permitido registrar beneficios.
El crecimiento de Gesplan ha sido calificado de agresivo por diversos analistas del sector, dado que la entidad ya ejecuta una media superior a los 400 proyectos anuales. Lo que comenzó en 1991 como un instrumento técnico especializado para el auxilio de las administraciones públicas se ha transformado en un holding multifuncional que abarca desde la ordenación del territorio y la gestión de emergencias hasta el bienestar animal y la economía circular. Esta diversificación extrema permite a la empresa pública absorber contratos que, en un mercado equilibrado, deberían nutrir a las pymes y profesionales autónomos del archipiélago.
La dirección de Gesplan, encabezada por su consejero delegado Miguel Ángel Pérez, defiende este volumen de negocio mediante el uso de métricas de marketing social como el Retorno Social de la Inversión (Social ROI). Según sus propios cálculos, la actividad de la empresa genera un impacto social de 241 millones de euros anuales, alegando que cada euro invertido devuelve 2,41 euros a la sociedad. Sin embargo, estas cifras no logran disipar la preocupación del sector privado, que observa cómo el 71% de la cifra de negocio de la entidad permanece retenido dentro de la propia estructura pública, destinándose apenas un 29% al tejido empresarial local durante 2025.
Bajo el nuevo marco estratégico denominado ‘Sendero 31’, Gesplan no solo aspira a mantener su hegemonía en las islas, sino que ha iniciado una fase de expansión internacional que muchos consideran un «disparate» para una entidad de su naturaleza. La hoja de ruta estratégica incluye la consolidación de mercados en el entorno africano, operando ya en países como Marruecos, Senegal, Mauritania y Costa de Marfil, y buscando activamente nuevas oportunidades en Europa y América para el año 2026. Esta ambición global, financiada y respaldada por el paraguas del Gobierno de Canarias, sitúa a Gesplan en una posición de ventaja competitiva insalvable frente a las empresas privadas que intentan licitar en los mismos mercados sin el respaldo del erario público. De entrada, no requiere aval bancario para operar en los Interreg o MAC.
La paradoja que rodea a Gesplan es absoluta: se presenta como un colaborador del sector privado mientras refuerza una estructura operativa de multinacional que compite por los mismos recursos y proyectos. A pesar de las promesas de transparencia y «vocación de servicio público», la realidad contable de los 105 millones de euros y la ejecución de cientos de encargos directos sugieren la creación de una administración paralela. Este modelo, orientado a la «mejora continua» y la transformación digital interna, sigue dejando en el aire la pregunta de si el crecimiento exponencial de Gesplan está asfixiando, en lugar de impulsar, la verdadera especialización empresarial de Canarias.














