
Es la factura del azúcar: una dieta subvencionada en los lineales. La arquitectura del REA proyecta una sombra preocupante sobre la salud pública del archipiélago al subvencionar para la indutsria la entrada masiva de productos vinculados a enfermedades metabólicas. En las islas Canarias hay más diabéticos (210.000 usuarios de la sanidad pública) y desempleados, con los datos oficiales de Sumar en Madrid y bendecidos por el PP canario, 145.656 personas.
Los azúcares destinados a la industria y al consumo directo suman un balance disponible que supera los 66 millones de kg. La rapidez con la que se consume este cupo es notable: en el azúcar de consumo directo procedente de la UE, ya se ha emitido el 49% del balance trimestral apenas iniciado el año. El contrato de 105 millones de euros para dializar a las víctimas de la alimentación subvencionada por Canarias está paralizado por recursos de proveedores.
La industria alimentaria local se nutre de este flujo constante para procesar alimentos que saturan el mercado insular. A los azúcares se añaden 14,4 millones de kg disponibles de cereales procesados como maltas y glucosas, componentes fundamentales en la fabricación de bebidas y bollería industrial.
La sémola de maíz, con una disponibilidad masiva, completa este cuadro de carbohidratos de rápida absorción que terminan convertidos en productos de alta densidad calórica para el mercado local. Incluso las conservas de frutas en almíbar, bajo la denominación de «preparaciones no homogeneizadas», aportan su grano de arena a esta crisis silenciosa. Entre piñas, melocotones y mezclas de frutas, el balance disponible roza los 17 millones de kg. Mientras las autoridades sanitarias alertan sobre las tasas de diabetes en las islas, la estructura de abastecimiento garantiza que el suministro de edulcorantes y frutas procesadas no sufra interrupciones, manteniendo los costes bajos para una industria que inunda la cesta de la compra canaria.














