El Gobierno de Canarias ha presentado en la Universidad de Las Palmas de Gran Canaria (ULPGC) la Estrategia de Movilidad Sostenible e Inteligente de las Islas Canarias (MOVIC), una hoja de ruta que pretende definir el modelo de transporte y conectividad del archipiélago durante los próximos treinta años, con horizontes fijados en 2030, 2040 y 2050. La estrategia se alinea con la Agenda 2030 y el Pacto Verde Europeo, prioriza el refuerzo del transporte público, la intermodalidad y la digitalización, y ha incorporado un proceso participativo que incluye más de 5.000 encuestas domiciliarias y 7.688 encuestas presenciales en puertos y aeropuertos, además de canales online, talleres insulares y encuentros con agentes sociales. La aprobación definitiva está prevista para principios de 2027.
El problema con los planes a treinta años vista es que nadie rinde cuentas cuando el horizonte llega. Gran Canaria sufre hoy una de las congestiones viarias más severas de España en proporción a su superficie: la GC-1 y la GC-2 colapsan diariamente mientras la red de guaguas interurbanas sigue operando con frecuencias que desincentivan el abandono del vehículo privado. La MOVIC habla de intermodalidad, pero el archipiélago carece de una red ferroviaria insular (el tren de Gran Canaria lleva décadas en fase de estudio), la integración tarifaria entre guaguas y tranvía en Tenerife es reciente y parcial, y el transporte marítimo interinsular no se concibe como eje de movilidad cotidiana sino turística. Diseñar la movilidad de 2050 sin haber resuelto la de 2026 tiene un punto de ciencia ficción administrativa. La estrategia, por ahora, es un documento de diagnóstico: muchas encuestas, mucha participación, cero compromisos presupuestarios vinculantes. Y mientras tanto, los canarios siguen atrapados en el atasco de siempre, eso sí, con la tranquilidad de saber que alguien planifica su liberación para dentro de veinticuatro años.

@PresiCan/X














