
El Gobierno de Canarias ha identificado un indicador de paz social tan crítico como el precio del barril de Brent: el coste del cortado. Ante la escalada del conflicto en Irán y la inoperancia de los decretos estatales en el Archipiélago, el Consejo de Gobierno ha ejecutado un movimiento técnico de precisión, reduciendo del 3% al 0% el IGIC aplicado al café. Esta exención, lejos de ser una anécdota gastronómica, constituye una maniobra de defensa del poder adquisitivo diseñada para absorber las tensiones en los márgenes de beneficio de la distribución alimentaria.
Para los importadores y el sector de la restauración, la medida actúa como un amortiguador de liquidez en un momento de máxima presión logística. El cierre parcial de rutas en el Golfo y el encarecimiento de los seguros marítimos amenazaban con trasladar un incremento de doble dígito al precio final del café en el mostrador. Al renunciar a su parte del pastel tributario, el Ejecutivo canario inyecta 3,2 millones de euros anuales en la cesta de la compra, intentando que el ritual matutino de las Islas no se convierta en una variable de ajuste ante la crisis energética.
La decisión tiene también una lectura de alta política fiscal. Mientras el Real Decreto-ley 7/2026 de Madrid se centraba en rebajas del IVA —un impuesto inexistente en el régimen del REF—, el Gobierno regional ha tenido que rastrear en sus propios tipos impositivos para encontrar dónde aliviar al consumidor. El café, junto a la sal y la mantequilla, eran los últimos reductos de la cesta básica que aún tributaban al 3%. Su paso al tipo cero alinea el producto con el resto de bienes de primera necesidad, cerrando un flanco de vulnerabilidad inflacionaria que la guerra en Oriente Medio amenazaba con explotar.
Este «escudo de la cafeína» es la punta de lanza de una reclamación mayor ante el Estado: la validación de una «cláusula canaria» que automatice estas compensaciones. El mensaje del lobby comercial es nítido: si el café es un derecho de los consumidores canarios, su estabilidad de precio no puede depender de si un decreto en la Castellana recuerda o no las singularidades de un archipiélago a tres mil kilómetros de distancia.
Perspectivas: El margen de maniobra de los tostadores
Los industriales observa ahora si esta rebaja del 3% será suficiente para compensar el alza de los costes de insumos y energía. Los tostadores locales, que ya lidian con el incremento de la factura eléctrica en sus plantas, reciben el alivio del IGIC como una tregua temporal. Sin embargo, la presión sobre el sector primario y la logística portuaria sugiere que, sin una intervención estructural en las tasas de emisiones (ETS) y el transporte, el tipo cero al café podría ser solo un paliativo ante una tormenta de costes que apenas comienza a descargar en las costas canarias.














