
El Parlamento de Canarias ha vivido esta semana un episodio de surrealismo burocrático que deja en evidencia las prioridades del actual Ejecutivo. A la pregunta del diputado popular Carlos Ester sobre medidas concretas para recuperar el patrimonio histórico del archipiélago, el Gobierno ha respondido con una oda al agroturismo, las catas de vino y las sábanas de hilo de los hoteles boutique. En el edificio de Presidencia, parece que han confundido los yacimientos arqueológicos con las tablas de quesos premiados.
Lo más sangrante del documento remitido el 26 de enero de 2026 no es solo la falta de respuestas sobre la piedra y el mortero, sino la descarada mercantilización de la identidad. Para el Gobierno, el ‘producto local’ -artesanía y gastronomía- es simplemente un «elemento diferenciador» para que el turista premium no se aburra entre el sol y la playa. Mientras los centros históricos luchan contra el abandono, la estrategia oficial se centra en «experiencias vivenciales» financiadas y distribuidas por cadenas hoteleras internacionales.
El ‘outsourcing’ de la cultura
Resulta casi cómico que el Gobierno confiese, sin sonrojarse, que son los hoteles de alta categoría los que están «invirtiendo en poner en valor la identidad local». Es la rendición definitiva de lo público ante lo privado: si quieres cultura, vete a un resort. La administración canaria ha pasado de restaurar el patrimonio a vigilarlo mediante «datos de primera parte», rastreando los gustos del visitante para saber si prefiere un taller de alfarería o una ruta de bodegas antes de que siquiera haya aterrizado en las islas.
La respuesta es un brindis al sol del Plan Estratégico Canarias Destino 2025-2027. En lugar de un listado de inversiones en monumentos o museos, el diputado Ester se ha encontrado con una disertación sobre segmentación de mensajes y motivaciones tractoras. Es la política del algoritmo aplicada a la historia: no importa que el patrimonio se caiga a pedazos si el mensaje de comunicación está bien personalizado para el perfil del turista que más gasta.
Una respuesta para un turista, no para un diputado
En definitiva, el Viceconsejero de Relaciones con el Parlamento ha despachado la preocupación por el patrimonio físico con un manual de marketing turístico. Es el síntoma de una Canarias donde la historia solo importa si es maridable con un blanco afrutado. El Gobierno ha decidido que el mejor conservador de nuestra cultura no es un arqueólogo, sino un recepcionista de hotel boutique con acceso al Big Data.
Noticia escrita por Gara Vega. Editado y verificado por Pedro Marrero. Información cruzada sin filtros institucionales. Este análisis no ha sido financiado por publicidad oficial ni condicionado por intereses de lobby.














