
Si Canarias fuera una corporación cotizada en el FTSE 100, los analistas estarían recomendando «vender» antes de que termines el bocadillo en La Garriga. Los últimos datos de la EPA de 2025 presentan un archipiélago que ha perfeccionado el arte de la dependencia estatal bajo un sol de justicia.
Mientras la viceconsejera de Empleo, Isabel León (PP) se aferra a un descenso trimestral del paro como quien se agarra a una boya en medio de un temporal, la realidad es más cruda: el desempleo ha subido respecto al año anterior hasta el 12,6%. Pero el verdadero drama no está en los que buscan trabajo, sino en quién paga las facturas de los que ya lo tienen.
En las islas, el Leviatán administrativo es el mayor empleador. Con 173.609 empleados públicos superando con creces a los 146.000 autónomos, el archipiélago ha decidido que es más seguro emitir nóminas públicas que facturas privadas. La estructura social parece una broma pesada de un contable: hay más pensionistas (342.000) que escolares y estudiantes universitarios juntos. Es una sociedad que envejece protegida por el Estado, mientras el sector privado —ese sufridor autónomo societario, 32.000— se convierte en una especie en peligro de extinción.
La gestión de la seguridad y la justicia en el archipiélago roza lo satírico. Mientras el despliegue de seguridad cuenta con 15.449 efectivos, los juzgados operan con unos ridículos 236 funcionarios. El mensaje para el inversor extranjero es cristalino: «Podemos arrestarte, pero no esperes que un juez vea tu caso en esta década». Es el paraíso de la impunidad burocrática.
Incluso la educación refleja un cambio de expectativas. El auge de la FP sobre la Universidad sugiere que Canarias ha dejado de intentar fabricar ingenieros para centrarse en formar a los operarios que arreglarán los aire acondicionados de los hoteles. Con una población activa joven que crece artificialmente pero una base empresarial donde solo el 43% de las empresas están dadas de alta en la Seguridad Social, Canarias no está creando una economía; está gestionando un balneario subvencionado. Para los entusiastas del Gobierno de Canarias, el vaso está medio lleno de «dinamismo joven». Para el resto del mundo, el vaso está perdiendo líquido por las grietas de una estructura productiva que simplemente no suma.
Noticia escrita por Pedro Marrero. Editado y verificado por Gara Vega. Información cruzada sin filtros institucionales. Este análisis no ha sido financiado por publicidad oficial ni condicionado por intereses de lobby.














