
La situación de los trabajadores autónomos en Canarias atraviesa un momento complejo y decisivo. En un archipiélago donde la dependencia del turismo marca históricamente el ritmo económico, miles de profesionales por cuenta propia intentan abrirse camino en sectores emergentes que prometen diversificación, estabilidad y nuevas oportunidades. Sin embargo, aún persisten importantes barreras que dificultan esta transición. Así lo reflejan las recientes declaraciones del vicepresidente del Gobierno de Canarias, Manuel Domínguez, quien subraya que el cambio de modelo productivo no solo requiere voluntad institucional, sino una adaptación profunda del sistema formativo y de los incentivos fiscales.
Uno de los ejemplos más evidentes es el sector del gaming, que vive un crecimiento acelerado en Europa y ofrece empleos altamente cualificados y bien remunerados. Domínguez destacó su potencial en Canarias, pero advirtió de un obstáculo crítico: “Falta formación. Las empresas necesitan programadores que no encuentran en las islas”. Para los autónomos, esta brecha se traduce en una oportunidad y a la vez en un desafío. Muchos profesionales con perfiles tecnológicos podrían integrarse en el sector o emprender dentro de él, pero la oferta formativa actual resulta insuficiente. De ahí la insistencia del vicepresidente en “adaptar la formación profesional y universitaria a las nuevas demandas laborales”, una reclamación que los propios trabajadores por cuenta propia han repetido en distintos foros.
A este escenario se suman otras áreas emergentes con capacidad para absorber autónomos y generar nuevas actividades económicas: la geotermia, la energía offshore, las renovables o el sector primario modernizado. Todas ellas representan nichos en los que los profesionales independientes podrían desempeñar un papel protagonista, desde la instalación y mantenimiento técnico, hasta la investigación, la consultoría o la transformación agroalimentaria. Para muchos autónomos, que buscan mayor estabilidad frente a la estacionalidad del turismo, estos sectores suponen una vía de futuro que, sin embargo, requiere planificación pública, inversión y acompañamiento administrativo.

Domínguez también insistió en otro elemento clave para avanzar: el Régimen Económico y Fiscal de Canarias (REF). Lo definió como “la herramienta fiscal esencial para facilitar la llegada de sectores económicos emergentes”. Su potencial para atraer empresas innovadoras y proyectos de alto valor añadido tiene un impacto directo sobre los autónomos, ya que estos se benefician tanto del aumento de actividad como de los incentivos para emprender y colaborar con nuevas industrias. No obstante, numerosos profesionales reclaman una simplificación de los trámites y una mayor divulgación del funcionamiento del REF para poder aprovecharlo realmente.
Mientras tanto, los autónomos siguen enfrentándose a problemas estructurales: altos costes, escaso acceso a financiación, una burocracia que ralentiza la actividad y una competencia desigual frente a grandes empresas o plataformas digitales. En este contexto, la apuesta del Gobierno por la diversificación resulta esencial, pero debe traducirse en políticas concretas que faciliten la reconversión, la actualización profesional y la creación de nuevos proyectos. La transformación económica de Canarias no será posible sin ellos: los trabajadores autónomos, que representan una pieza estratégica en el tejido productivo y cuya capacidad de innovación puede marcar el camino hacia un modelo menos dependiente y más sostenible.
El archipiélago se encuentra en un punto de inflexión. Si la formación se ajusta a las nuevas realidades, si la fiscalidad se utiliza como catalizador y si los sectores emergentes reciben el impulso necesario, los autónomos podrán convertirse en protagonistas del cambio. Pero para ello, el reto es claro: pasar de la teoría a la acción.














