
De María Dolores Pelayo a Carolina Darias, el relato de cómo las mujeres transformaron el poder en Canarias Durante años, el eco del Parlamento de Canarias tuvo un solo timbre: el de las voces masculinas que llenaban los plenos, dictaban las leyes y marcaban el pulso político del Archipiélago. Aquella orquesta, afinada en un país que aún aprendía a ser democrático, tenía partituras viejas y una dirección previsible. Hasta que una mujer pidió la palabra.
Era María Dolores Pelayo, médica de profesión y diputada en los primeros compases de la autonomía. No gritó, no golpeó el atril. Simplemente habló. Y su intervención, que a muchos pasó inadvertida, inauguró un tiempo distinto: el de una política que ya no se escribiría solo con la voz grave de los hombres.
El cambio fue lento, casi imperceptible. Durante los años noventa y dos mil, figuras como Ana Oramas, María Eugenia Márquez o María del Mar Julios consolidaron la presencia femenina más allá del gesto simbólico. Representaban la irrupción de una nueva élite política, educada en universidades, acostumbrada al debate técnico y ajena al paternalismo de los primeros años. Su forma de hacer política no necesitaba levantar la voz; bastaba con sostener la mirada.
Cuando Carolina Darias asumió la presidencia del Parlamento en 2015, el círculo se cerró. Por primera vez, la institución que representaba la soberanía de las islas era dirigida por una mujer. Su liderazgo, sereno y metódico, fue también una declaración de intenciones: la autoridad no es incompatible con la empatía.
El Parlamento cambió entonces de textura. Las sesiones ganaron en escucha, los acuerdos en flexibilidad, y el lenguaje en matices. Las diputadas no buscaban ocupar el espacio de los hombres, sino reescribir las reglas del juego. Bajo su influencia, la Cámara se volvió menos ceremonial y más dialogante. En un archipiélago hecho de diferencias —entre islas, acentos y realidades económicas— esa capacidad de tejer consenso fue una revolución callada.
Hoy, nombres como Astrid Pérez, Beatriz Calzada, Cristina Valido o María Australia Navarro reflejan un Parlamento diverso, donde el liderazgo femenino ya no es noticia, sino estructura. Pero la igualdad sigue siendo una obra inacabada. Solo una cuarta parte de las comisiones están presididas por mujeres, y los espacios de decisión económica continúan dominados por hombres.
Aun así, el cambio es irreversible. Las mujeres han transformado no solo el reparto del poder, sino su significado. Lo que comenzó con una voz que se atrevió a hablar en un hemiciclo lleno de hombres se ha convertido en una polifonía que define la política canaria contemporánea. Y en ese coro, el futuro del Parlamento suena, por fin, distinto.














