
Las cifras oficiales de desempleo en Canarias tienen la textura de un sueño lúcido del que nadie quiere despertar. Mientras el Gobierno regional celebra el mejor registro desde 2007, un paseo por las oficinas de empleo revela una realidad más gris: la de miles de ‘demandantes de empleo’ que, aun figurando como ocupados o con condiciones especiales, engrosan una lista de espera que supera las 211.000 almas. Es la paradoja de una economía turística que presume de solidez mientras el volumen de contratos firmados se desploma y las prestaciones por desempleo devoran 100 millones de euros mensuales. En este escenario, el éxito no es la creación de riqueza, sino la gestión estadística de la escasez bajo la luz cegadora de un optimismo institucional que se niega a mirar el descenso de la contratación indefinida.
El dato más demoledor del estancamiento es el colectivo «sin empleo anterior», que suma 10.542 personas, de las cuales casi la mitad (4.662) tienen 44 años o más. Es la crónica de una generación olvidada: trabajadores senior que nunca han entrado formalmente en el sistema y para los que el récord de 2007 es una estadística ajena. Mientras la construcción y la industria apenas mueven sus cifras, Canarias sigue fiando su salud laboral a una estacionalidad que, en febrero, ha demostrado que puede reducir el paro al mismo tiempo que destruye la dinámica de contratación.
La contradicción del volumen: el misterio de los 211.000 demandantes
La primera gran grieta en el relato oficial aparece al contrastar los 145.656 parados registrados con la cifra real de demandantes de empleo, que se eleva hasta los 211.657. Existe un limbo de 66.001 personas que, a pesar de buscar activamente trabajo o estar subempleadas (35.659 ya figuran como ocupados), no computan en la cifra mágica del paro que celebra el Ejecutivo. Esta masa crítica de demandantes revela un mercado laboral saturado de contratos parciales o temporales donde la «ocupación» es, a menudo, una forma técnica de subsistencia que no logra sacar al trabajador del circuito de búsqueda.
La brecha contractual: menos parados, pero también menos contratos
La contradicción más flagrante se encuentra en la dinámica de contratación. Mientras el desempleo baja en 750 personas, la firma de nuevos contratos sufre un retroceso significativo: 53.486 contratos totales, lo que supone un 5,73 % menos que en enero. Resulta contraintuitivo que CC y PP celebren su mejor momento en dos décadas cuando la actividad contractual se enfría. Más preocupante es la caída de la contratación indefinida, que desciende un 3,49 % mensual y un 2,20 % interanual. Canarias está logrando reducir el paro no por un vigoroso flujo de nuevos contratos de calidad, sino por un agotamiento de la población activa o un ajuste estadístico que no se traduce en nuevas altas laborales de carácter estable.
El coste del subsidio frente al éxito estadístico
El mejor registro desde 2007 según la tesis oficial del PP convive con una factura de protección social que no deja de crecer. En enero, el gasto en prestaciones ascendió a 100,8 millones de euros, con una cuantía media de 1.008 euros por beneficiario. El hecho de que solo 68.739 personas de los más de 145.000 parados reciban prestación indica que más de la mitad de los desempleados canarios navegan sin cobertura económica oficial. Esta divergencia entre el éxito macroeconómico del Gobierno y la precariedad microeconómica del ciudadano sugiere que el sistema está expulsando parados del registro por vías administrativas más que por inserciones laborales reales. Desequilibrio sectorial y el peso del pasado: El sector servicios sigue siendo el gran monocultivo, absorbiendo 115.607 parados (el 79 % del total).













