
Este miércoles, el Parlamento de Canarias aprobó de manera definitiva la modificación del himno regional, una decisión que ya se había anticipado y que culmina un proceso político y social de gran relevancia. De esta forma, la isla de La Graciosa, la octava isla, se incorpora oficialmente al himno de Canarias, un cambio simbólico que, como ha resaltado la mayoría de los diputados, va más allá de la modificación musical y representa un reconocimiento formal a la singularidad y la historia de este pequeño paraíso del archipiélago.
Durante la sesión plenaria, el ambiente era de concordia, pero también de reflexión. Los grupos parlamentarios, que ya habían mostrado su apoyo a la medida en ocasiones anteriores, ratificaron su postura, convirtiendo este punto en un acto de unidad política en torno a la identidad y la cultura canaria.
La diputada del Grupo Popular, Rebeca Paniagua, hizo una intervención cargada de emoción y de significado. «Cuando un himno nombra, reconoce y dignifica», afirmó, subrayando la importancia de este acto como una forma de reconocer a todas las islas y su particularidad, y recordó el significado del término ‘canariedad’. «La canariedad no solo permite que un gomero encuentre su hogar en Lanzarote, también permitió que mi padre viniera de Extremadura y encontrara su hogar en Canarias», relató.
La inclusión de La Graciosa en la letra del himno no es solo un hecho administrativo; es un gesto simbólico que da voz y visibilidad a una isla que, pese a su pequeño tamaño y escasa población, tiene un peso cultural y natural crucial para el archipiélago.
Por su parte, Raúl Armas, del Grupo Mixto, destacó que esta modificación no debía ser vista como una mera alteración musical. «No se trata de una simple modificación», dijo. Y es que la inclusión de La Graciosa en el himno es una forma de reconocer su aportación al conjunto del archipiélago tanto desde el punto de vista cultural como desde el ambiental.
Un consenso que se gestó durante años
El debate sobre la modificación del himno de Canarias no es nuevo. A lo largo de los últimos años, diversos colectivos y ciudadanos habían reclamado que La Graciosa, que cuenta con una población de poco más de 700 habitantes, fuera reconocida en el himno regional. La isla, que hasta ahora no formaba parte de la letra del himno, ha sido objeto de una reivindicación cada vez más fuerte por parte de los residentes y los defensores de su identidad.
Este acto legislativo responde a una necesidad sentida por muchos de dar visibilidad a La Graciosa dentro del marco institucional y cultural de Canarias. Aunque la propuesta de modificar el himno fue inicialmente discutida en 2019, su concreción ha venido acompañada de un consenso que trasciende las líneas partidistas, haciendo que la modificación del himno sea un acto de afirmación colectiva.
El impacto de la decisión
La modificación del himno no solo tiene implicaciones políticas, sino también culturales. Los himnos, como sabemos, son símbolos que encarnan la identidad de una comunidad. La inclusión de La Graciosa en la composición no es un simple detalle, sino una reafirmación de que, más allá de la división administrativa entre islas, todas ellas forman una unidad indisoluble. De hecho, Canarias se caracteriza por su diversidad geográfica, histórica y social, y un cambio como el de este miércoles responde a la necesidad de seguir fortaleciendo los lazos de hermandad entre todas las islas.
Además, la modificación tiene una vertiente emocional importante. Para los habitantes de La Graciosa, este gesto supone un reconocimiento a su identidad insular, y la incorporación de su nombre en el himno representa un acto de dignificación que muchos veían como un derecho pendiente. En muchos aspectos, el himno es el reflejo de la sociedad que lo canta, y en este caso, la sociedad canaria amplía su representación.
El camino por recorrer
Aunque la modificación del himno de Canarias es un paso significativo, el proceso de construcción de una identidad colectiva continua. La política cultural de las Islas sigue buscando fórmulas que refuercen los lazos entre las islas, respetando sus particularidades pero reconociendo la unidad del archipiélago. La Graciosa, desde su ahora presencia oficial en el himno, se convierte en un símbolo de este proceso continuo de redefinición y fortalecimiento de los valores comunes.
Este cambio en el himno de Canarias también invita a la reflexión sobre otros aspectos de la identidad regional que aún esperan reconocimiento, no solo en términos musicales o simbólicos, sino en cuestiones de infraestructuras, servicios y desarrollo económico, particularmente en las islas más pequeñas. Sin duda, el futuro del archipiélago depende en gran medida de seguir trabajando en la cohesión y el respeto por sus diferencias.
En conclusión, la aprobación de la modificación del himno de Canarias no es solo una victoria para La Graciosa, sino una manifestación de la madurez política y social del archipiélago. A través de este acto, las islas canarias demuestran que, en su diversidad, también residen su fortaleza y su capacidad para seguir avanzando juntos.














