
El sistema educativo canario ha iniciado un proceso de transformación estructural para garantizar que la inclusión en las aulas sea una realidad tangible y no un simple propósito administrativo. Según los últimos datos facilitados por la Consejería de Educación, la inversión en atención a la diversidad ha experimentado un crecimiento superior a los 30 millones de euros durante la presente legislatura. Este incremento presupuestario busca dar respuesta a una demanda creciente, permitiendo que el número de estudiantes atendidos pase de 2.900 a más de 5.000 alumnos en todo el archipiélago.
“Es un esfuerzo inédito en la historia del sistema educativo canario”, afirma Poli Suárez, Consejero de Educación, Formación Profesional, Actividad Física y Deportes del Gobierno de Canarias. Sin embargo, aunque la cifra se presente con optimismo, conviene poner los pies en la tierra: calificarla de histórica resulta algo excesivo si se compara con los 12.145 millones del presupuesto global o los 973 millones que el Gobierno dejó sin ejecutar el año pasado. En un contexto donde la Agencia Tributaria Canaria despliega un plan de control implacable para asegurar cada euro de recaudación, destinar apenas un 0,2% del gasto total a este refuerzo sugiere que el esfuerzo, aunque va por el buen camino, sigue siendo tímido para las necesidades reales de las islas.
En Canarias, el retraso en las valoraciones de los Equipos de Orientación (EOEP) es crónico. Hay miles de familias esperando meses (o años) para que se reconozca oficialmente que su hijo tiene una necesidad especial. Sin ese papel, el niño o la niña no cuenta en las estadísticas de los 5.000, pero sigue estando en el aula sin apoyo.
El pilar fundamental sobre el que se sostiene esta estrategia que nos ocupa es el refuerzo masivo del personal especializado que trabaja directamente con el alumnado con Necesidades Específicas de Apoyo Educativo (NEAE). El número de docentes especializados ha escalado de los 2.776 iniciales hasta alcanzar los 3.386 profesionales para el curso 2025/2026. El aumento en el cuerpo de auxiliares educativos ha experimentado un crecimiento cercano al 60%, pasando de 941 a 1.813 efectivos en la actualidad, duplicando prácticamente el apoyo en los centros.
Sobre el papel, el número de docentes puede parecer suficiente. Pero la realidad es que no están dedicados en exclusiva a un solo alumno; se reparten entre centros, aulas ordinarias y aulas enclave. En la práctica, muchos alumnos con necesidades especiales apenas reciben unas pocas horas de apoyo especializado a la semana, pasando el resto del tiempo en aulas ordinarias donde el tutor no tiene formación específica ni tiempo para atenderlos adecuadamente.
Actualmente, Canarias cuenta con 359 Aulas Enclave en funcionamiento, frente a las 290 de la legislatura anterior, y ya existen otras 20 nuevas aulas en fase de proyecto. Además, se han creado 7 nuevas unidades específicas para alumnado con trastorno del espectro autista (TEA) y se ha ampliado el Proyecto de Inclusión para este colectivo a un total de 52 centros de Infantil y Primaria, reforzando la atención en entornos ordinarios.
La visión integral de este plan incluye también medidas de apoyo socioeconómico destinadas a las familias y la detección temprana desde los primeros años de vida. El Gobierno ha activado una partida de 800.000 euros en ayudas directas para familias de alumnos con TDAH y una discapacidad superior al 25%, además de garantizar la gratuidad del comedor en centros de educación especial. Asimismo, la red se extiende a través de 11 Unidades de Atención Temprana y un programa de enfermería escolar que ya cuenta con 23 profesionales sanitarios en 64 centros.
Aunque, según la demanda -esta sí se puede llamar histórica- de docentes y familias, contar con 23 profesionales sanitarios para 64 centros es, sencillamente, testimonial. Canarias tiene más de mil centros educativos. Tener enfermero en menos del 6% de los colegios no soluciona el problema de los alumnos con enfermedades crónicas (diabetes, epilepsia, alergias graves) que dependen de que un profesor, que no es sanitario, se atreva a ponerles una inyección en una emergencia.














