El estruendo del cañón Tigre retumba todavía en el imaginario colectivo del Atlántico. La noche del 25 de julio de 1797, las tropas del contralmirante Horacio Nelson intentaron desembarcar en el puerto de Santa Cruz de Tenerife, sufriendo una derrota aplastante que le costó al marino inglés el brazo derecho y selló la mitología militar del archipiélago. Cien años después, en los salones de la burguesía insular y en las páginas de la prensa finisecular, aquel episodio bélico sufrió una metamorfosis ideológica.
La apropiación del pasado aborigen en la construcción del patriotismo finisecular es el núcleo del estudio académico publicado en la revista Historia Contemporánea por el historiador Said Karboune Rodríguez, investigador de la Universidad de La Laguna. Su investigación desmonta las operaciones retóricas de las élites tinerfeñas entre 1860 y 1928, periodo en que la victoria sobre la Armada Británica pasó de velada privada a fiesta cívica masiva.
La oratoria burguesa de los salones de Vegueta a la bahía de Santa Cruz
Las veladas organizadas por el Gabinete Instructivo de Santa Cruz de Tenerife desde su fundación en 1869 moldearon un relato híbrido. La intelectualidad local engarzó el orgullo insular dentro del marco del estado-nación español. En la velada del 26 de julio de 1882, el bibliógrafo Luis Maffiotte La Roche apeló a la fusión del «carácter audaz y emprendedor de la raza española» con el «carácter altivo e independiente de la raza guanche». En las actas del Gabinete Instructivo redactadas a finales de la década de 1880, se observa cómo la apelación a los aborígenes funcionó como un dispositivo de reafirmación patriótica.
Karboune Rodríguez señala que el investigador e intelectual Mario Arozena Arozena, en su discurso conmemorativo de 1897, dejó escrito que «por las venas de los isleños canarios corre la generosa sangre guanche mezclada con la de los altivos castellanos». Esta retórica igualaba los antiguos menceyatos a las gestas de la Reconquista.
Terapia de grupo para un imperio en decadencia
El contexto socioeconómico del archipiélago en las vísperas de la crisis de 1898 aceleró la utilización instrumental del mito. La pérdida de los territorios ultramarinos y la recesión agrícola impulsaron a la prensa conservadora a reforzar el discurso de lealtad. La redacción del periódico La Opinión, en su editorial del 24 de julio de 1896, afirmó que los pobladores del archipiélago estaban dispuestos a «morir antes que abandonar la gloriosa bandera que flameaba en las desmanteladas torres de sus costas».
El trabajo de Said Karboune Rodríguez subraya que las autoridades civiles y militares convirtieron el centenario de 1897 en una escenografía de adoctrinamiento. Los bandos municipales firmados por la alcaldía de Santa Cruz de Tenerife llamaban a la población a participar en las procesiones patrióticas, calificando de «deber ineludible» la honra a los defensores de la plaza. La festividad dejó de pertenecer al ámbito literario de las clases acomodadas y ocupó el espacio público urbano.
Anacronismos calculados y momias de museo
El uso de la palabra «guanche» para designar a los combatientes de 1797 desató vivas agrias controversias en la prensa de la época. La publicación en el Diario de Tenerife, en julio de 1890, de un artículo redactado por Manuel Sánchez del Campo donde atribuía la victoria sobre Nelson a los «guanches, en unión de los pocos españoles», provocó la réplica del militar Ricardo Ruiz y Aguilar.
El investigador Said Karboune Rodríguez cita en su estudio las palabras del articulista Ruiz y Aguilar, quien bajo el seudónimo Zurí recriminó a la redacción: «los guanches, todo el mundo lo sabe, desaparecieron hace cuatro siglos de aquellas peñas (…) sus restos que en varios museos se custodian, es lo único que desde hace cuatro siglos conservamos». Pese a las evidencias históricas, la idea de la pervivencia biológica y moral del indígena sirvió tanto al discurso regionalista conservador como al incipiente nacionalismo independentista articulado en Caracas por Secundino Delgado a través de la revista El Guanche.
El monumento intangible en la era del consumo de masas
La apoteosis de la victoria insular llegó a las primeras décadas del siglo XX, cuando el concepto de la Gesta se integró plenamente en los canales del ocio popular, la política municipal y la prensa de masas. Las publicaciones periódicas de la época, como la revista Hespérides en su edición del 24 de julio de 1928, definieron la defensa de la bahía como la plasmación de un «concepto de libertad» y una «virtud racial» heredada directamente de los primeros pobladores.
El análisis histórico de Karboune Rodríguez concluye demostrando que la construcción discursiva del pasado insular no respondió a un ejercicio ingenuo de erudición local. La articulación del guanchismo histórico dentro de la iconografía estatal española demostró la capacidad de las élites para asimilar la especificidad regional, transformando una sangrienta batalla naval del siglo XVIII en la piedra angular de la identidad canaria contemporánea.














