
En un Parlamento marcado por la modernización y los debates sobre sostenibilidad, inversión y desarrollo regional, se ha dado un fenómeno singular: la presencia de diputados que, además de su trayectoria política, ostentan títulos nobiliarios reconocidos oficialmente por el Estado español. Este cruce de linajes y política añade una dimensión histórica a la cámara regional, recordando que Canarias ha sido puente entre la tradición y la modernidad europea. También es verdad que tiene la Cámara un cuadro donde se refleja la supuesta entrega para su traslado a Castilla a una niña regente de Canarias en la Conquista, dicen.
Borja Benítez de Lugo: entre la nobleza y el ejecutivo parlamentario
Borja Benítez de Lugo, diputado del Partido Popular por Gran Canaria, combinaba formación jurídica y empresarial con una carrera política sólida. Nacido en 1956, Benítez de Lugo ha sido concejal en Las Palmas de Gran Canaria y actualmente ocupó el cargo de secretario segundo de la Mesa del Parlamento. Su currículum académico —Derecho por Deusto, Ciencias Empresariales en ICADE y un máster en Asesoría Jurídica y Fiscal del Instituto de Empresa— refleja una preparación orientada tanto al sector público como al privado.
Su familia ha mantenido vínculos históricos con la nobleza canaria. Está unido al Conde de la Vega Grande de Guadalupe, que ahora es Alejandro del Castillo y Benítez de Lugo, descendiente directo del linaje familiar. Aunque Borja Benítez de Lugo no ostenta directamente este título, su cercanía al mundo nobiliario ilustra cómo la tradición sigue presente en los pasillos del Parlamento.
Tomás Van de Walle Sotomayor: político y empresario con raigambre histórica
Otro ejemplo paradigmático es Tomás Van de Walle Sotomayor, diputado del PP por Gran Canaria en la V Legislatura del Parlamento. Nacido en 1949, Van de Walle combina experiencia empresarial con cargos políticos de alto rango: fue consejero del Cabildo de Gran Canaria, viceconsejero de Administración Pública del Gobierno de Canarias y consejero de Política Territorial y Medio Ambiente. Su formación en Ciencias Políticas y Sociología se suma a una gestión pública marcada por la planificación territorial y la sostenibilidad, en plena transición del Archipiélago hacia un modelo económico más diversificado.
Aunque Van de Walle desde una Orden de 17 de junio de 1977 por Real Carta de Sucesión tiene el título de Marqués de Guisla Ghiselin. Su apellido evoca un linaje con profundas raíces en la sociedad canaria, consolidando la idea de que la política regional sigue vinculada a familias con historia y prestigio local.
La nobleza en tiempos de pragmatismo político
La irrupción de estos perfiles en el Parlamento coincide con una fase de mayor pragmatismo en la política canaria: alianzas insularistas, debates sobre transición energética, puertos y logística, y un creciente protagonismo de tecnócratas. En este contexto, los diputados con linaje noble aportan un capital simbólico, a veces intangible, que refuerza la autoridad moral y la proyección histórica de la cámara. Sin embargo, la presencia de títulos y apellidos ilustres no eclipsa los desafíos contemporáneos: Canarias enfrenta decisiones estratégicas sobre sostenibilidad, turismo, migración y digitalización. En este sentido, la nobleza parlamentaria convive con la modernidad, aportando tradición a un escenario político cada vez más orientado al análisis técnico y la negociación pragmática.












