En el Parlamento de Canarias, las negociaciones no siempre se llevan a cabo en el hemiciclo; a veces, se hacen sobre estantes de madera y vitrinas de cristal. Entre 2015 y 2021, los obsequios recibidos por los miembros de la Cámara demuestran que la diplomacia puede ejercerse con libros, mapas, esculturas y hasta juegos de toallas. Cada regalo parece decir: “te reconozco, te observo y te dejo un recuerdo que, con suerte, impresione a tus colegas”.
En 2015, Carolina Darias San Sebastián inauguró su colección diplomática con un juego de toallas de Japón. Porque nada dice “respeto internacional” como secarse con elegancia después de un intenso debate sobre presupuestos. Al año siguiente, el Parlamento se volvió un museo de miniaturas diplomáticas: un pisapapeles de metacrilato del Mando de Canarias para sostener las notas políticas, el libro Juan Sebastián Elcano como recordatorio de que las rutas de exploración siempre importan, y un CD de música de Hungría, perfecto para ambientar las largas jornadas de comisiones.
También en 2016, los regalos alcanzaron niveles de sofisticación internacional: figuras acristaladas, mapas del siglo XVI y esculturas de plata labradas como alegorías del Espíritu Santo. Cada uno parecía susurrar: “aquí estamos, te observamos y apreciamos tu talento… o al menos tu paciencia”. El 2017 trajo obsequios con aire histórico: libros sobre los Borja en Valencia, azulejos familiares, exploraciones portuguesas en Madeira y Azores y, por supuesto, La Nave de los Necios, cortesía de Deloitte, un recordatorio sutil de que la política, en ocasiones, es un mar de necios navegando sin rumbo.

2018 consolidó el glamour internacional: grabados de Mérida, fuentes de cerámica marroquíes, diarios de vida política y la siempre sugerente Constitución en viñetas, un regalo que no solo educa sino que critica con humor, y premios de metacrilato de los galardones Stars of Europe, como diciendo: “tu estrella brilla… pero dentro de nuestros parámetros”. Cada libro y objeto parecía medir la capacidad del receptor para recibir mensajes codificados: respeto, poder y un ligero toque de condescendencia.
En 2019 y 2020, los obsequios mantuvieron la línea histórica: desde palacios sicilianos hasta libros sobre el movimiento europeo, todos entregados con la delicadeza de quien sabe que un regalo dice más de ti que cualquier intervención parlamentaria. En 2021, Gustavo Matos se convirtió en la estrella del coleccionismo parlamentario: libros sobre Las Cortes de Navarra en la Edad Moderna, estuches con la Constitución Española, colecciones artísticas del Congreso y hasta The Quai d’Orsay del Consulado de Francia. Cada uno de estos obsequios parecía recordarle que, aunque se ocupe de la legislación local, el mundo exterior siempre observa, mide y analiza su desempeño con detenimiento diplomático.
Entre mapas, libros, esculturas y pisapapeles, la lección está clara: en Canarias, la diplomacia no solo se ejerce con votos o discursos; se ejerce con regalos cuidadosamente seleccionados, cargados de historia, mensaje y, a veces, una pizca de ironía. Y si alguien dudaba de la importancia de estos obsequios, solo tiene que mirar la vitrina: cada libro, cada figurilla, cada pisapapeles es un silencioso recordatorio de que, en la política, el detalle ornamental puede ser tan poderoso como la palabra más elocuente. Legislar importa, pero coleccionar regalos con significado diplomático es un arte que pocos dominan… y que algunos aprovechan para enviar mensajes más claros que cualquier moción en el Parlamento.













