
El puerto de Granadilla de Abona se ha convertido este mediodía en una fortaleza de hormigón y protocolos sanitarios. La Guardia Civil ha tomado el control operativo de los accesos al muelle industrial de Tenerife, estableciendo un perímetro de exclusión que impide cualquier contacto visual o físico con la zona de atraque. La llegada del MV Hondius, el buque de expedición que transporta un brote activo de hantavirus, ha activado el nivel máximo de alerta en Sanidad Exterior. El silencio en las oficinas de la consignataria Gibunco Ship Agency refleja la tensión de una operativa donde el margen de error es nulo.
La maniobra de recepción diseñada por las autoridades españolas para las próximas horas se aleja de cualquier estándar portuario convencional. El desembarco de los 147 pasajeros no se realizará en el muelle, sino en aguas interiores del puerto mediante embarcaciones zódiac. Este procedimiento busca que el navío actúe como su propia zona de cuarentena hasta el último segundo. Los grupos de evacuación serán de cinco personas como máximo, organizados estrictamente por nacionalidades para evitar cruces biológicos entre pasajeros que han compartido semanas de navegación bajo sospecha.
La logística aérea de repatriación ya está desplegada en la pista del Aeropuerto de Tenerife Sur, a apenas diez minutos del puerto. Gobiernos de Estados Unidos, Reino Unido y Países Bajos han confirmado el posicionamiento de aviones medicalizados que recibirán a sus ciudadanos directamente en la pista. El traslado terrestre correrá a cargo de una flota de autobuses de Gibunco, cuyos conductores operan bajo un régimen de aislamiento total detrás de mamparas plásticas y con las tres primeras filas de asientos clausuradas. El protocolo prohíbe el uso de aire acondicionado; el aire de las ventanillas abiertas será el único sistema de ventilación durante el tránsito.
La infección por hantavirus es una enfermedad zoonósica aguda que provoca dos síndromes marcados por fiebre, trombocitopenia y leucocitosis. La fiebre hemorrágica con síndrome renal (FHSR) y el síndrome cardiopulmonar (SCPH) son las dos variantes que el género Orthohantavirus, de la familia Hantaviridae, impone con una letalidad que en regiones americanas ha rozado el 26% este año. La inhalación de aerosoles procedentes de excrementos de roedores infectados en las cubiertas o sistemas de ventilación del buque es la principal hipótesis sobre el origen del brote.
El Ministerio de Sanidad mantiene bajo vigilancia especial a los 13 pasajeros españoles y al tripulante nacional. Si alguno de ellos presenta una décima de fiebre antes del desembarco, el protocolo es tajante: evacuación inmediata a la unidad de aislamiento de alto nivel del Hospital de La Candelaria. Los contactos estrechos de los fallecidos también serán segregados. El virus Andes, presente en brotes recientes, ha demostrado capacidad de transmisión interhumana en cadenas cortas, lo que obliga a tratar cada interacción como un riesgo potencial de propagación comunitaria en la isla.
El cadáver que permanece a bordo del Hondius se ha convertido en el último símbolo de esta tragedia marítima. Tras las intensas negociaciones entre el vicepresidente canario Manuel Domínguez y el cónsul neerlandés Stanley Weytjens, se ha acordado que el cuerpo y la tripulación regresen a los Países Bajos con el buque. El Gobierno de Canarias busca evitar que la desinfección industrial profunda de la nave se realice en aguas canarias, trasladando la responsabilidad final al puerto de destino en Holanda. Los trabajadores que participan en la operativa han debido entregar sus datos de filiación completos para ser monitorizados durante las próximas seis semanas, el periodo de incubación máximo de una amenaza que ha puesto a prueba la capacidad de España como plataforma humanitaria atlántica.













