
La intervención de Astrid Pérez, presidenta del Parlamento de Canarias y de la CALRE (Conferencia de Asambleas Legislativas Regionales de Europa), en Milán este pasado viernes 24 de octubre, fue una maniobra de alta diplomacia regional que cumplió un doble objetivo: proyectar a Canarias como un actor europeo relevante en innovación social, y de paso, suavizar el debate interno sobre los persistentes déficits sanitarios en las Islas. El discurso de Pérez ante el grupo de trabajo de la CALRE sobre desigualdades en salud fue pulcro y estratégicamente formulado. La frase clave: «La innovación tecnológica solo tiene sentido si no deja a nadie atrás», no es solo una máxima social, sino una declaración política de intenciones.
El Mensaje a Europa: Al citar el aumento de la población mayor de 65 años (16 millones más en la próxima década, según Eurostat), Pérez posiciona a Canarias en la vanguardia del desafío demográfico europeo. Poner como ejemplo el programa canario ACTAge sirve para vender la capacidad de las Islas para liderar la transformación sociosanitaria, algo crucial para atraer fondos y visibilidad. El cierre de su intervención, «La tecnología no puede sustituir la ternura ni la humanidad del cuidado», es el golpe de efecto discursivo. Apela a la «proximidad» y lo «humano,» un mecanismo retórico que permite a la presidenta hablar de innovación sin enfrentar la crítica de que la sanidad canaria aún carece de suficientes recursos humanos y estructurales básicos (listas de espera, déficit de especialistas). El mensaje es: la tecnología será humana, no un reemplazo de lo que falta.
La participación de Pérez en Milán tiene una lectura directa en el hemiciclo canario. La presidenta, figura institucional de alto rango y proveniente del PP, utiliza la plataforma europea para asociar Canarias con la «innovación sociosanitaria» a través de programas como ACTAge, está, de facto, respaldando la gestión de la Consejería de Sanidad (controlada por el PP), al menos en lo referente a la planificación estratégica y la digitalización. La oposición (principalmente PSOE y NC) critica constantemente la lentitud en la reducción de las listas de espera y la desigualdad entre islas en el acceso a especialistas. El enfoque en la tecnología como herramienta de equidad es un intento de desviar el foco del hardware (hospitales, personal) al software (gestión digital y programas integrales).
Sutilmente, la presidenta Astrid Pérez ha convertido un grupo de trabajo regional europeo en un escaparate político para demostrar que la visión de Canarias sobre el futuro del cuidado es coherente con los principios de la Unión Europea, mientras que, internamente, utiliza el concepto de «innovación sin dejar a nadie atrás» como un paraguas ideológico bajo el cual se refugian las dificultades estructurales que la sanidad regional sigue arrastrando.














