
Al final, la presión ha surtido efecto. Tras años de un silencio sepulcral, el Parlamento de Canarias ha tenido que desempolvar el registro de regalos y empezar a publicar qué es lo que reciben sus altos cargos. Desde 2021, la web de la Cámara era un solar informativo en este apartado; un vacío que chocaba frontalmente con cualquier discurso sobre regeneración y transparencia. Ha tenido que ser el empuje mediático el que obligara a actualizar unos datos que deberían haber estado a disposición de los ciudadanos día tras día.
El estreno de esta nueva etapa de transparencia nos deja ver lo que la actual presidenta, Astrid Pérez, ha ido acumulando desde que tomó posesión. Y curiosamente, el primero en la lista es el cuadro de un paisaje canario entregado por Casimiro Curbelo. Parece que el líder gomero es el único que tenía prisa por cumplir con el protocolo, o quizás el único que quería que su detalle quedara registrado negro sobre blanco desde el minuto uno.
A partir de ahí, el inventario es un desfile de objetos que van desde lo protocolario hasta lo pintoresco: jarrones de cristal de otras comunidades autónomas, placas de asociaciones sociales y algún que otro detalle institucional. Este ejercicio de transparencia es una victoria de la fiscalización pública, pero también un recordatorio de lo mucho que les cuesta a nuestras instituciones soltar la información de motu propio.
La transparencia no es publicar una lista de jarrones cuando ya no queda más remedio, sino entender que el escrutinio de los ciudadanos no es una opción, sino una obligación que no debería admitir años de silencio.












