
El Parlamento de Canarias se convirtió este jueves en el escenario de una realidad que rara vez ocupa el centro del debate legislativo: la dependencia absoluta de la economía isleña del trabajo de cuidados y limpieza realizado por mujeres. Bajo el título “Las que cuidan, las que atienden, las que limpian”, la jornada técnica analizó cómo el principal motor de las islas descansa sobre un colectivo que, pese a su peso estratégico, sigue lidiando con el reconocimiento profesional como asignatura pendiente. El evento, celebrado en la Sala Europa con motivo del Día Internacional de la Mujer, contó con la asistencia de la presidenta de la Cámara, Astrid Pérez, en un encuentro que reunió a colectivos de base y profesionales del sector servicios.
Las cifras no dejan lugar a la interpretación técnica, sino que describen una segregación horizontal profunda en el mercado laboral canario. El sector servicios representa actualmente más del 81% del Producto Interior Bruto (PIB) del Archipiélago. Sin embargo, cuando se desglosan actividades críticas como la hostelería, la limpieza o los cuidados a la dependencia, la presencia femenina se dispara hasta ocupar el 93% del empleo. Esta concentración masiva evidencia que la estabilidad macroeconómica de Canarias depende de un sector altamente feminizado y, a menudo, precarizado.
Uno de los ejes centrales del debate fue la herencia cultural que lastra estas profesiones. Históricamente, las tareas de limpieza y cuidados han sido consideradas una extensión de las labores domésticas asignadas tradicionalmente a las mujeres. Esta percepción ha invisibilizado su valor real como cualificación profesional, dificultando mejoras en los convenios colectivos y en la prevención de riesgos laborales específicos, como los que afectan a la salud física de las camareras de piso o las auxiliares de ayuda a domicilio.
Voces desde la primera línea
La jornada huyó de la abstracción mediante ponencias de quienes viven el sector desde dentro. Marcia Díaz, representante del colectivo de camareras de piso, diseccionó la figura de «la invisible que sostiene al turismo», poniendo el foco en la carga física y mental que conlleva mantener la maquinaria hotelera. Por su parte, la enfermera Sanae El Hadi y la directora del Instituto Canario de Igualdad, Ana Brito, analizaron la evolución de los cuidados, coincidiendo en que este «pilar invisible» es lo que permite que el resto de la sociedad pueda funcionar diariamente.
Retos pendientes: conciliación y estabilidad
El encuentro cerró con una mesa coloquio donde se abordaron los «nudos gordianos» de estas trabajadoras: la dificultad extrema para conciliar la vida familiar con turnos partidos o jornadas de alta intensidad, y la inestabilidad inherente a los contratos de servicios. El objetivo de las asistentes fue claro: que la visibilidad alcanzada en esta jornada no se quede en un acto conmemorativo, sino que sirva de base para futuras reformas que reconozcan, tanto en sueldo como en derechos, a quienes sostienen la estructura social y económica de Canarias.














