
La respuesta parlamentaria remitida esta semana por la Consejería de Presidencia no deja lugar a dudas: la sanidad pública canaria se enfrenta a un reto estructural que va mucho más allá de una simple ola de calor. El documento detalla un ambicioso pero lento plan de climatización que, en casos críticos como el del Hospital Universitario de Canarias (HUC), se demorará al menos dos años más debido a la obsolescencia de su red eléctrica.
Lo más preocupante del informe es la admisión de que el HUC carece actualmente de climatización mecánica en sus áreas de hospitalización. El motivo es puramente técnico: su cuadro eléctrico general está en un estado tan precario que no admite nuevas cargas de potencia. Para subsanarlo, se ha puesto en marcha una reforma de 4,5 millones de euros que se ejecutará por fases hasta 2027, fecha en la que recién se podrá garantizar la potencia necesaria para instalar los equipos de frío.
Vinilos y pintura reflectante como solución de emergencia
Ante la imposibilidad de instalar aire acondicionado de forma inmediata, el Servicio Canario de la Salud está recurriendo a ‘cuidados paliativos’ para los edificios. En el HUC se han aplicado tratamientos anticalor en las cubiertas y se han instalado láminas reflectantes en las ventanas de las plantas superiores para intentar arañar unos pocos grados al termómetro. Son medidas que, según reconoce el propio Gobierno, resultan insuficientes cuando el calor aprieta de verdad.
Mientras tanto, en Gran Canaria, el Hospital Dr. Negrín encara una remodelación de su planta frigorífica valorada en 5 millones de euros, y el Complejo Insular-Materno Infantil lidia con un sistema de climatización desequilibrado por el crecimiento desordenado del centro en las últimas décadas. En este último, se ha tenido que activar un protocolo de deslastre, que consiste en apagar el aire en zonas no prioritarias para asegurar el frío en quirófanos y áreas de cuidados intensivos.
La nota de modernidad la pone Lanzarote, donde la Gerencia de Servicios Sanitarios ha logrado poner en marcha una planta geotérmica de 1 MW para cubrir las necesidades térmicas del Hospital Dr. José Molina Orosa. Es la excepción en un mapa sanitario regional donde la norma sigue siendo la lucha contra infraestructuras que no estaban diseñadas para el escenario climático actual y que obligan a los gerentes de las islas menores a seguir comprando ventiladores y equipos portátiles para salir del paso














