El foro Wake Up Spain, celebrado en Madrid entre el 13 y el 17 de abril bajo el lema «Crecimiento, cohesión e incertidumbre», incluyó una mesa dedicada a la conectividad y la logística en Canarias que reunió a representantes de las principales empresas del sector: Andrés Marín, director general de Fred Olsen Express; Pedro Suárez, presidente de la Autoridad Portuaria de Santa Cruz de Tenerife; Santiago Guerra, coordinador general de Binter; y Javier Climent, director general de Boluda Shipping. La ausencia más llamativa fue la de Balearia, la naviera que tras la adquisición de los activos de Armas Trasmediterránea con el visto bueno de la CNMC se ha convertido en el principal operador de transporte marítimo de pasajeros y carga rodada entre la Península y las islas, con una inversión comprometida de 45 millones de euros para la mejora técnica y prestacional de sus buques en las rutas canarias.
La exclusión resulta difícil de interpretar como un descuido logístico: cuando el Gobierno de Canarias organiza una jornada sobre conectividad marítima y aérea del archipiélago y omite al operador dominante de las rutas peninsulares, el gesto adquiere un significado político que trasciende la composición de un panel. Balearia desembarcó en el mercado canario hace más de siete años y en enero de 2026 presentó en Fitur, ante el propio presidente Clavijo, su plan estratégico para el archipiélago. Los participantes que sí estuvieron en la mesa madrileña abordaron asuntos de calado: Andrés Marín advirtió de que las tasas de emisiones del sistema ETS europeo encarecerán los billetes de pasajeros y el coste del flete, Pedro Suárez alertó sobre la pérdida de competitividad frente a los puertos marroquíes que operan sin regulación comunitaria, y Javier Climent confió en las negociaciones con Bruselas para mitigar el impacto. Lo que no se discutió, porque quien debía hacerlo no estaba invitado, es cómo planea el nuevo monopolista de facto de las rutas marítimas canarias articular un servicio que el Gobierno regional le ha pedido que asuma con «modo canario», es decir, con frecuencias estables, precios contenidos y compromiso territorial. Dejar a Balearia fuera de esa conversación es, cuando menos, una contradicción que alguien debería explicar.

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