La Seguridad Social registró en Canarias un incremento neto de apenas 296 afiliados en abril de 2026, un raquítico 0,03% mensual que sitúa el total en 962.896 cotizantes y que la Confederación Canaria de Empresarios (CCE) califica sin rodeos como una desaceleración del mercado laboral. El dato contrasta con el comportamiento habitual del cuarto mes del año, tradicionalmente impulsado por la contratación de Semana Santa y el arranque de la temporada primaveral. La hostelería, lejos de tirar del empleo como cabría esperar en una economía que acaba de celebrar un 37,7% de PIB turístico, destruyó 958 puestos de trabajo respecto a marzo. Quien sostuvo la estadística fue la sanidad pública (+683 trabajadores), la construcción (+378) y, en menor medida, la industria (+114) y la agricultura (+36).
En perspectiva interanual la foto es menos alarmante pero igualmente reveladora: la afiliación creció un 2,5% respecto a abril de 2025, una décima por encima de la media estatal (2,4%), lo que matiza el frenazo mensual pero no lo desmiente. El problema de fondo es cualitativo. Si el empleo público sanitario es el primer motor de creación de puestos en un mes que debería ser netamente turístico, algo falla en la transmisión entre la macro del PIB turístico y la micro de la contratación real. La destrucción de empleo en hostelería apunta a una estacionalidad cada vez más comprimida y a una estructura de costes laborales que desincentiva mantener plantillas estables. En un archipiélago donde el 42% del empleo depende del turismo, que la hostelería pierda casi un millar de afiliados en abril equivale a que el motor principal del avión tosió justo en la fase de despegue. A escala nacional, España alcanzó los 22,11 millones de afiliados en abril, pero los analistas de Randstad Research detectan igualmente signos de agotamiento del ciclo expansivo pospandemia. La diferencia es que la economía peninsular tiene más cilindros donde compensar; Canarias, como demuestran los datos de Impactur, apenas tiene uno.















