
La transformación del modelo pesquero en Canarias ya es un hecho. Los datos oficiales publicados por el Parlamento regional confirman que, por primera vez, la acuicultura ha superado de manera sostenida a la pesca artesanal en volumen de producción, consolidándose desde 2024 como la actividad predominante en el sector primario marino del archipiélago. Este cambio, que comenzó a gestarse hace varios años, marca un punto de inflexión para las comunidades costeras que tradicionalmente han vivido de la pesca tradicional y que ahora asisten a un proceso de desplazamiento progresivo.
La respuesta del Gobierno de Canarias al diputado Juan Manuel García Casañas, del Grupo Popular, ofrece una radiografía contundente: la pesca artesanal, que en 2020 concentraba casi el 60% de la cuota productiva, cayó al 47% en tan solo cuatro años. En ese mismo periodo, la acuicultura –especialmente orientada a especies como la dorada, la lubina y la corvina– no solo creció en volumen, sino que se convirtió en la tendencia principal de producción desde 2024. Se trata de un giro estructural en la economía azul del archipiélago, donde los cultivos marinos han empezado a jugar un papel determinante en la balanza productiva.
El informe indica que entre 2020 y 2024 la pesca artesanal sufrió una pérdida de 3.300.259 kilos, un descenso que muchos expertos atribuyen a factores como el agotamiento de caladeros, las limitaciones normativas, el encarecimiento del combustible o la falta de relevo generacional entre los pescadores. Mientras tanto, la acuicultura sumó 748.622 kilos adicionales respecto a 2020, consolidando un crecimiento continuado que responde tanto a la mayor demanda de pescado como a la previsibilidad y estabilidad que ofrece este modelo frente a la incertidumbre natural de la pesca extractiva.
Lejos de ralentizarse, la tendencia se mantiene en 2025: hasta el 30 de agosto, la acuicultura ya representa el 55,8% del volumen total producido en el archipiélago. Es decir, más de la mitad de los kilos de pescado que se generan en Canarias proceden de cultivos marinos. Este dato no solo confirma el adelanto de la acuicultura sobre la pesca tradicional, sino que también apunta a un escenario de consolidación a corto y medio plazo que podría transformar el empleo, la gestión del litoral y la estructura económica de numerosas islas.
El desplazamiento de la pesca artesanal plantea retos profundos. Varias cofradías han alertado de la necesidad de políticas de protección para el sector tradicional, así como de inversiones que permitan modernizar la flota, promover prácticas sostenibles y garantizar la viabilidad económica de los pescadores locales. Frente a ello, la acuicultura se presenta como un modelo capaz de generar empleo estable y mayor volumen de producción, pero que también requiere regulaciones estrictas para evitar impactos ambientales en zonas costeras.
Canarias se encuentra, por tanto, en un momento decisivo para equilibrar ambos modelos productivos. Mientras la acuicultura continúa ampliando su peso en la economía azul del archipiélago, la pesca artesanal -históricamente vinculada a la cultura y la identidad isleña- enfrenta el reto de adaptarse para no quedar relegada. El debate está servido y las decisiones políticas de los próximos años serán determinantes para definir el futuro del sector.














