
Olviden por un momento la crisis de Gobierno en Berlín o los aranceles en los Balcanes; la verdadera maestría política se ejerce hoy en Canarias y tiene nombre propio: Marcos Cohen Simancas. Su firma, Cumbre 8, no es solo una consultora boutique: es el último acto de una ópera de influencia que dejaría al mismísimo Maquiavelo pidiendo clases particulares.
Lo verdaderamente revelador de la anulación del procedimiento de internacionalización de Proexca —firmada este pasado miércoles por su director, Martín Carbajal— es la nómina de los recurrentes. Allí aparece Carlos Alonso, ex presidente del Cabildo de Tenerife y uno de los pocos estrategas de Coalición Canaria con visión de largo alcance. Junto a él, Codexca, una firma que no solo domina 18 lenguas muertas de la burocracia, sino que es proveedora de entidades «menores» como el Banco Mundial o el BID, y padre espiritual de la propia Proexca a través del ICEX. En este ecosistema de tiburones, Cohen Simancas ha logrado nadar sin ser devorado.
El pasado naranja y el «casi» contrato de los dos millones
Antes de reinventarse como gurú de la transformación estratégica, nuestro protagonista fue el hombre fuerte de Ciudadanos en las islas. Fue el número tres al Congreso y el encargado de presidir la Gestora para apagar los fuegos de Santa Cruz de Tenerife. En su perfil de LinkedIn, este antiguo activo de PwC todavía presume de cómo, con una inversión de tres millones de euros en La Laguna, logró captar trece millones en fondos europeos. Cifras redondas para un currículum impecable.
Pero lo fascinante no es su ideología, sino su olfato de mercado. Mientras lideraba la Gestora naranja, se le atribuyen discretas reuniones con el núcleo duro del gobierno lagunero (PSOE-Cs) para intentar atraer a su entonces firma, PwC, un contrato de digitalización de dos millones de euros anuales. El líder del proyecto en el consistorio era su propio compañero de filas, Juan Ramón Lazcano. Sin embargo, el contrato encalló, Lazcano dimitió y, en un giro digno de House of Cards, emergió Evelyn Alonso para firmar la moción de censura que devolvió el mando a Coalición Canaria. Un imbroglio delicioso que Cohen ha sabido transitar con la pericia de un funambulista.
De las estatuas de Rodin a los volcanes de Lanzarote
Cohen no conoce el descanso. Estuvo en el epicentro de las negociaciones para traer el Museo Rodin a Santa Cruz: 16 millones de euros para alquilar reproducciones de bronce. En Bruselas lo llamarían «diplomacia cultural»; en Tenerife, la crítica lo tildó de despilfarro monumental y el propio museo francés acabó huyendo ante el ruido mediático.
Pero el consultor total siempre renace. Ha dejado atrás las Big Four y las siglas naranjas para susurrar ahora al oído de Coalición Canaria y el PP. Sus nuevas obras maestras son el Marco Estratégico de Transformación (MET) en Lanzarote y proyectos análogos en La Laguna. Junto a Oswaldo Betancort y Ángel Vázquez, Cohen habla de «indicadores de impacto» y del Canarian Culinary Center. Afirma, con una gravedad que casi hace olvidar el colapso hídrico de la isla, que «el turista debe ser un agente activo en la conservación del destino». Es una retórica brillante: si la realidad social cruje, cámbiale el nombre y llámalo «cambio de modelo insular».
La ironía del «despilfarro monumental»
Desde la oposición del PSOE en Lanzarote califican el contrato de Cumbre 8 como un «escándalo mayúsculo». Resulta irónico: mientras la población clama por límites al crecimiento y moratorias turísticas porque la isla «ya no da más de sí», la consultoría estratégica de Cohen propone crear una «Red de Micromuseos».
Es el genio de la consultoría moderna: si los grifos no dan agua, ofrece una gráfica impecable y un inglés perfecto de MBA del IESE. Cohen Simancas ha sobrevivido a la caída de su partido, al fiasco de Rodin y a la censura en Santa Cruz para acabar gestionando los fondos de quienes antes eran sus rivales. Eso no es solo consultoría: es una de las bellas artes.














