
El Debate del Estado de la Nacionalidad Canaria en 2026 en el Parlamento no ha sido eso, un debate, sino el acta de defunción de cualquier posible entendimiento entre el Partido Socialista (PSOE) y Coalición Canaria (CC). La política canaria ha abandonado el gris de la gestión compartida para teñirse de un azul de centroderecha que se siente cómodo en su propia piel. Por un lado, el bloque del pacto (CC-PP-ASG con Vox con la idea de juez de línea en 2027), una maquinaria perfectamente engrasada que habla el idioma de la CEOE; por el otro, un PSOE que ha logrado crear una constelación a su izquierda a la que CC ataca no como una alternativa, sino como una sucursal de Madrid desconectada del «sentido común» insular. De los acuerdos que haya en los próximos meses entre PP y Vox dependerá el futuro de ASG en ese esquema que, de momento, tiene su maquinaria en empresas públicas como Gesplan o Visocan.
El líder parlamentario del PSOE canario, Sebastián Franquis, ha llevado al debate canario del estado de las islas cifras: La ejecución de los Fondos del Mecanismo de Recuperación y Resiliencia (MRR) como «el ejemplo más claro de la incapacidad de gestión de este gobierno» «Solo se ha ejecutado el 55% de los fondos, 950 millones de euros, y se han devuelto 53 millones por mala gestión». Franquis calificó la situación social de Canarias como una “contradicción insostenible”: una economía que crece en términos macroeconómicos pero que no mejora las condiciones de vida de la mayoría. Recordó que el PIB del Archipiélago continúa aumentando y alcanzará este año más de 64.000 millones de euros, pero la productividad sigue estancada y los salarios continúan entre los más bajos del país.
Teatro
El debate ha sido un teatro de sombras donde la geometría del poder se divide entre quienes gestionan la escasez y quienes agitan el descontento. El bloque de la derecha, PSOE y NC, y el centro-derecha —articulado en torno al pacto CC, PP, ASG y AHI— ha cerrado filas bajo un pragmatismo de trinchera, mientras el bloque de la izquierda observa desde la barrera una estrategia que fía la supervivencia económica a la presión externa sobre Madrid y al alivio fiscal.
La derecha sistémica, representada con la crudeza de la CEOE de Tenerife y Las Palmas, ha marcado el paso al exigir una reducción inmediata de la carga fiscal. Para Pedro Alfonso (CEOE), la renta disponible no es una cuestión de salarios —esa variable tan molesta para el balance de resultados— sino de impuestos. En su análisis, la guerra en Irán actúa como el catalizador perfecto para justificar un adelgazamiento del Estado en favor de la liquidez privada, una tesis que resuena en los pasillos de un Gobierno canario que ya prepara un «escudo» frente a las turbulencias globales.
En el eje de esta coalición, Casimiro Curbelo: El discurso del líder de minoría gomera ha despojado de cualquier lirismo ideológico, es una oda a la estabilidad como valor de mercado. Al pedir a los diputados que «no defiendan tanto a los partidos», Curbelo está, en realidad, blindando la gestión del pacto frente al «ruido» de la oposición. Para el líder gomero, la política es una hoja de cálculo que debe cuadrar: un 92% de ejecución presupuestaria es su mejor argumento contra lo que define como «mentiras» de una izquierda que critica un gobierno «mastodóntico».
Lo de Aena
La propuesta de resolución del bloque oficialista sobre conectividad y movilidad es, en esencia, una declaración de soberanía logística frente al Estado. Al exigir la «desprivatización» de AENA y la cogestión de aeropuertos, la derecha canaria busca recuperar el control de los flujos de entrada en un archipiélago que se siente vulnerable. Es el nacionalismo de los recursos: pedir al Estado que financie la red portuaria y la Ley de Costas, mientras se critica la «pobreza estructural» como un fracaso compartido que, paradójicamente, solo parece resolverse con más inversión pública y menos presión fiscal empresarial.
Frente a ellos, el bloque de la izquierda se encuentra en la posición incómoda de quien ve cómo el discurso de la «distribución de la riqueza» es cooptado por sus adversarios. El propio Fernando Clavijo ha convocado a los grupos para «amortiguar el golpe» de la crisis iraní, un movimiento táctico que busca diluir la responsabilidad política en una «responsabilidad compartida». En este tablero, la izquierda queda atrapada entre la crítica a un modelo que genera riqueza sin repartirla y la necesidad de apoyar medidas de emergencia que, en última instancia, refuerzan la arquitectura de poder del pacto actual.
La crónica de este debate es la de una Canarias que se prepara para el impacto, donde la derecha se atrinchera en la bajada de impuestos y la exigencia competencial, mientras la izquierda busca su lugar en un escenario donde el «sentido común» se ha convertido en el activo más cotizado. Al final, como bien advierte Curbelo, si en 2027 la pobreza sigue siendo el tema de conversación, el fracaso no será de una ideología, sino de todo un sistema que habrá demostrado su incapacidad para convertir el crecimiento en bienestar real.
Noticia escrita por Gara Vega. Editado y verificado por José L. JIménez. Información cruzada sin filtros institucionales. Este análisis no ha sido financiado por publicidad oficial ni condicionado por intereses de lobby.














