Las cruces del Mérito Militar y los distintivos de la Orden de Cisneros adornaban el despacho oficial de la Capitanía General de Canarias cuando una carta diplomática alteró la rutina del Palacio Militar de Santa Cruz de Tenerife en 1956. El teniente general al mando del archipiélago, un veterano de las guerras coloniales del Rif y de la guerra civil española, tomó la decisión de renunciar a su empleo en el Ejército Español para estructurar las nuevas fuerzas armadas del reino vecino. Se llamaba Mohammed ben Mizzian el-Rifeño. Años atrás había salvado la vida a Francisco Franco y terminaría alcanzando el grado de mariscal bajo la corona alauí.
El recorrido vital de este oficial comenzó en la Escuela Indígena de Melilla a principios del siglo XX. El 11 de enero de 1911, durante una visita oficial a la ciudad, el rey Alfonso XIII presenció cómo un niño huérfano del caíd de la cabila de Mazuza resolvió en la pizarra un problema de regla de interés y ubicó en un mapa las principales capitales europeas. Asombrado por la soltura del alumno, el monarca le preguntó qué quería ser de mayor; el pequeño respondió: ‘Capitán’.
El protegido del rey y el disparo en el Mitral
Alfonso XIII apadrinó el ingreso de Mizzian en la Academia de Infantería de Toledo en 1913, lo que exigió modificar el reglamento del centro para permitir la entrada de alumnos no cristianos. Graduado como alférez en 1916, ascendió rápidamente en el Ejército de África por méritos de guerra. En las montañas rifeñas combatió contra su antiguo maestro de escuela, Abd el-Krim, convertido en líder de la rebelión contra España.
Durante aquellas operaciones se fraguó su relación con Francisco Franco. El 3 de octubre de 1924, tras un combate en la zona del Mitral, un guerrillero enemigo surgió a corta distancia apuntando con su máuser al entonces teniente coronel Franco. Mizzian reaccionó antes de que el atacante apretara el disparador y lo abatió de un tiro de pistola. Aquel lance libró de la muerte a quien doce años más tarde encabezaría el golpe de Estado de julio de 1936.
De la marcha sobre Madrid al mando en Canarias
Al iniciarse la sublevación militar en julio de 1936, Mizzian mandaba el II tabor del Grupo de Regulares de Alhucemas nº 5. Se sumó al alza en Melilla, participó en la toma de la base de hidroaviones del Atalayón y cruzó la Península al frente de sus tropas indígenas. Estuvo al mando de sus unidades en la marcha hacia Madrid, en el asedio del Alcázar de Toledo y, posteriormente, al frente de la 1.ª División de Navarra en las batallas del Ebro y Cataluña. Su nombre y el de sus tropas quedaron vinculados a duros episodios de represión, saqueos y ejecuciones de prisioneros documentados por cronistas de la época.
Tras la contienda, Mizzian fue nombrado comandante general de Ceuta en 1950 y promovido a teniente general en 1953, pasando a dirigir la VIII Región Militar en Galicia. En 1955 asumió la Capitanía General de Canarias, su último destino dentro de la estructura militar española.
La llamada de Mohammed V y la baja del ejército
La proclamación de la independencia de Marruecos en 1956 alteró los planes de la cúpula militar en España. El rey Mohammed V encomendó a Mizzian la organización de las recién creadas Fuerzas Armadas Reales. Ante este encargo, el general solicitó su baja en el Ejército Español, trámite que se hizo efectivo el 22 de marzo de 1957. A pesar del malestar que causó en parte del estamento militar el paso de Mizzian al servicio del país vecino, Franco ordenó no poner trabas al movimiento. El propio dictador frenó una propuesta del Consejo Supremo del Ejército que pretendía retirarle la paga que aún percibía.
Tampoco interfirió cuando Mizzian organizó en 1957 el secuestro de su hija Zelija, casada en Canarias contra el criterio de la familia con un oficial español.
El rango de mariscal y el regreso a Madrid
En Marruecos, Mizzian ocupó puestos de máxima responsabilidad. Como inspector de las Fuerzas Armadas Reales dirigió junto al príncipe heredero Hassan la represión de la revuelta del Rif entre 1958 y 1959. Ocupó el Ministerio de Defensa entre 1964 y 1966, fue destinado como embajador de Marruecos en Madrid entre 1966 y 1970, y retornó a Rabat como ministro de Estado.
En 1970 fue ascendido a mariscal, máximo empleo militar en la historia del ejército marroquí.
Gravemente enfermo, Mizzian ingresó en el Hospital del Aire de Madrid en marzo de 1975, donde falleció el 1 de mayo a los 78 años. Sus restos fueron trasladados a su localidad natal de Beni Ensar. En 2006 se inauguró en ese mismo municipio un museo dedicado a su figura instalado en una propiedad que en su día le regaló Francisco Franco.














