
El Gobierno de Canarias ha presentado un balance del programa ‘Crecer Juntos’ que roza el lirismo comercial, presumiendo de haber «fortalecido la presencia» del vino local en los mercados. Sin embargo, tras la retórica de la ‘viticultura heroica’, el informe del 21 de enero de 2026 revela que el sector es un gigante con pies de barro que sobrevive gracias a un respirador artificial llamado GMR Canarias. Sin esta empresa pública, que actúa como ‘niñera logística’ para centralizar pedidos y transporte, las bodegas de las islas no capitalinas estarían, sencillamente, fuera del mapa comercial debido a unos costes logísticos que el propio Ejecutivo califica de «elevados».
La red de ventas externa es el dato estrella que el Gobierno utiliza como escudo: 322 clientes en la Península y 37 internacionales. Aunque la cifra suena a expansión global, la realidad es que para un mercado competitivo estos números son una anécdota estadística. GMR no está creando exportadores competitivos, sino manteniendo una plataforma estable para productores que, por sí solos, no podrían pagar ni el envío de una muestra por mensajería debido a las limitaciones de escala que admite el texto oficial.
El contraste de la uva: Canarias vs. Península
Mientras en Castilla-La Mancha o Montilla-Moriles el precio de la uva para la campaña 2025/2026 oscila entre los 0,23 y 0,30 €/kg, en Canarias el viticultor necesita percibir en torno a los 3,50 €/kg para que su explotación no entre en pérdidas. Esta diferencia de más del 1.000% en el coste de la materia prima explica por qué el vino canario no puede competir con precios en el lineal del supermercado, sino que se refugia en la carta del hotel boutique como un objeto de lujo o un souvenir para el turista.
La estrategia parece haber decidido que el destino del vino canario no es la mesa del residente, sino la vitrina de la experiencia enogastronómica. Al convertir los caldos locales en un «componente habitual» de la oferta turística, se corre el riesgo de mercantilizar la identidad: el vino pasa de ser un producto agrícola a un simple atrezzo. Esta dependencia del sector HORECA (Hoteles, Restaurantes y Cafeterías) genera un ecosistema donde el valor añadido se queda a menudo en el margen de la restauración, mientras el agricultor sigue dependiendo de que el Cabildo de turno inyecte ayudas (como los 0,65 €/kg extra repartidos en La Palma en 2025) para compensar desastres climáticos o incendios.
El balance de 2025 muestra un sector que ha pasado de la resistencia a la expansión subvencionada. El éxito de haber posicionado etiquetas locales en nuevos puntos de venta depende totalmente de una logística centralizada financiada con fondos públicos y de una promoción que el Ministerio de Agricultura ha tenido que elevar al 50% de subvención para 2026. Si el objetivo es la «estabilidad comercial», el Gobierno ha logrado crear una burbuja confortable, pero queda la duda de si el vino canario podrá algún día caminar solo sin la muleta de la administración y el sobrecoste que paga el turista.
Noticia escrita por Pedro Marrero. Editado y verificado por Gara Vega. Información cruzada sin filtros institucionales. Este análisis no ha sido financiado por publicidad oficial ni condicionado por intereses de lobby.














