
El Parlamento de Canarias abre esta semana un pleno cargado de simbolismo geoeconómico. En la primera línea del debate, la economía azul vuelve a ocupar el centro de la agenda con la pregunta del diputado Raúl Acosta (Grupo Mixto) sobre los acuerdos alcanzados con el lehendakari del País Vasco. No se trató de una cuestión menor: el intercambio de conocimiento portuario e industrial entre Euskadi y el archipiélago apunta a un modelo de cooperación interregional que busca anclar a Canarias en el nuevo mapa del Atlántico medio.
Los datos son elocuentes. Más del 92% de las exportaciones canarias pasan por sus puertos, y la economía marítima —incluyendo reparaciones navales, pesca, biotecnología marina y turismo costero— representa ya cerca del 10% del PIB regional, con un crecimiento medio anual del 6% desde 2020, según datos de la Consejería de Economía.
Sin embargo, el debate parlamentario reflejó que el modelo sigue siendo frágil. La falta de infraestructuras portuarias complementarias, el retraso en la digitalización y el conflicto competencial con el Estado sobre la gestión de la Zona Económica Exclusiva condicionan la proyección del archipiélago.
El vicepresidente y consejero de Economía, Manuel Domínguez, defende el programa Canarias Expande, destinado a atraer inversión y empresas emergentes del sector marino, mientras que los grupos nacionalistas insistieron en la necesidad de dotar a los puertos canarios de una autonomía estratégica comparable a la de Madeira o Azores.
El pleno también aborda los 300 millones de euros pendientes del Estado, una deuda histórica que se mezcla con el debate sobre la falta de presupuestos generales y el cumplimiento del Régimen Económico y Fiscal (REF). Los nacionalistas reclamarán “una respuesta política, no contable”.
El Parlamento, en suma, se comporta esta semana como un pequeño laboratorio de poder atlántico: entre el mar, la hacienda y el territorio. Si algo queda claro, es que el futuro económico de Canarias —y su capacidad para atraer capital verde, investigación oceánica y energía eólica marina— dependerá tanto de la cooperación con la UE como de su habilidad para afirmarse como plataforma intercontinental del Atlántico medio.














