
Canarias acaba de comprar un billete en primera clase para el futuro de la aviación, pero el destino todavía está por ver. Este jueves, en Bruselas, el Gobierno autonómico selló su entrada en el programa SESAR JU, el club de élite de la Unión Europea que diseña cómo volaremos en las próximas décadas. No es un papelito más: es el tercer acuerdo de este tipo en toda Europa y convierte oficialmente a las islas en el laboratorio de pruebas del ‘Cielo Digital’. El plan es ambicioso: que el archipiélago deje de ser el lugar donde aterrizan los turistas para ser el sitio donde se inventa cómo vuelan los drones.
La apuesta técnica suena a ciencia ficción, pero los plazos son reales. El memorando abre la veda para que el cielo canario se llene de HAPS (plataformas que vuelan casi en el espacio y actúan como satélites baratos) y se ensaye el ‘U-space’, el complejo sistema de tráfico necesario para que los drones de reparto o vigilancia no acaben estrellados contra un avión de línea. Bruselas pone la tecnología y Canarias pone lo que nadie más tiene: una ubicación estratégica envidiable, un clima que no falla y un espacio aéreo que es el patio de recreo perfecto para experimentos que en el continente serían imposibles.
Desde el Ejecutivo defienden que esto no es un capricho de ingenieros, sino la pieza que faltaba en la Estrategia Aeroespacial Canaria de 2025. El objetivo político es claro: dejar de poner todos los huevos en la cesta del turismo y crear empleos que no dependan de cuántas camas hoteleras se llenen en agosto. Si el sector aeroespacial se convierte realmente en ese pilar estratégico del que habla el Gobierno, las islas podrían retener a una generación de tecnólogos que hoy solo ven futuro si pasan por la puerta de embarque de Salidas’.
Sin embargo, el aterrizaje de estas promesas siempre es lo más delicado. El acuerdo nos vende un cielo más «limpio y eficiente», pero el reto será evitar que Canarias se convierta simplemente en el solar de pruebas de las grandes multinacionales europeas. Para que este Cielo Digital sea un éxito de verdad, los beneficios tienen que bajar a tierra: en forma de conectividad más barata para los residentes y de una industria propia que no se evapore cuando se acaben los fondos de innovación. El Gobierno ya ha firmado su ambición estratosférica; ahora toca demostrar que los pies siguen en el suelo canario.













