
El Gobierno de Canarias ha decidido que el Archipiélago se le queda pequeño a nuestras empresas y ha puesto la vista en el horizonte atlántico, concretamente en Centroamérica. Mediante la firma de un convenio con el Banco Centroamericano de Integración Económica (BCIE), la Consejería de Economía busca convertir a ingenieros y consultores isleños en los nuevos ‘conquistadores’ de proyectos en lugares como Belice, Honduras o El Salvador. Eso sí, para que el banco nos abra la puerta de su selecto club de inversión, la administración ha tenido que pasar por caja con una aportación inicial de 204.001 euros.
La estrategia es tan sencilla como ambiciosa: Canarias financia el 50% (más un euro, para que no queden dudas de quién manda en la factura) de los estudios técnicos y de viabilidad de proyectos estratégicos. A cambio, el BCIE se compromete a que esos trabajos los realicen empresas o expertos con residencia fiscal en las Islas. Es, en esencia, un sistema de ‘exportación de cerebros’ subvencionada, donde el dinero público canario viaja hasta Tegucigalpa para asegurar que un arquitecto de La Laguna o una consultora de Las Palmas diseñen el próximo programa de sostenibilidad turística en las fronteras de Belice.
El ‘impuesto de gestión’ y la ‘cláusula de escape’
Como en todo buen acuerdo internacional, el socio financiero no trabaja por amor al arte. El BCIE se embolsará un 2% adicional sobre la cantidad aportada por la Consejería en concepto de ‘gastos de gestión y administración’. Un peaje administrativo que el convenio se apresura a aclarar que no es un beneficio comercial, sino una compensación por el arduo trabajo de gestionar contratos y supervisar que los corales de las Islas de la Bahía en Honduras se restauren con sello canario.
Pero cuidado, que la exclusividad canaria tiene letra pequeña. Si por un casual la convocatoria para diseñar un puente o un plan de economía azul quedara desierta porque no se encuentra a ningún experto en las islas que quiera cruzar el charco, el convenio activa su ‘plan B’. En ese caso, la preferencia pasará automáticamente a consultores centroamericanos de los países miembros del banco. Una cláusula de salvaguarda para que los proyectos no se detengan, aunque el objetivo de internacionalizar nuestra economía sufra un pequeño traspié geográfico.
Diplomacia económica en suelo rústico internacional
El convenio, firmado por el Vicepresidente Manuel Domínguez, tiene una vigencia corta pero intensa: hasta el 31 de diciembre de 2026. Durante este tiempo, la Consejería y el BCIE jugarán al ajedrez financiero con una comisión de seguimiento’ que se reunirá al menos una vez al año para vigilar que los euros canarios no se pierdan en la selva burocrática. Es la diplomacia económica llevada al terreno de las pymes, donde cada estudio de viabilidad es un ladrillo más en la construcción de esa plataforma internacional de negocios que Canarias aspira a ser entre tres continentes.
En definitiva, estamos ante un modelo de cooperación técnica de pago. Canarias no solo exporta servicios; exporta la financiación necesaria para que esos servicios sean contratados. Una apuesta que busca diversificar nuestra economía más allá del sol y la playa, demostrando que si hay algo que sabemos hacer bien en las islas, es gestionar el turismo y el medio ambiente, incluso a miles de kilómetros de casa y bajo la atenta mirada de un banco multilateral que cobra su comisión con puntualidad británica.
Noticia escrita por Gara Vega. Editado y verificado por Pedro Marrero. Información cruzada sin filtros institucionales. Este análisis no ha sido financiado por publicidad oficial ni condicionado por intereses de lobby.














