
En el laboratorio político que son hoy las Islas Canarias, el Gobierno regional parece haber encontrado una fórmula para combatir el paro que no pasa por las grandes multinacionales, sino por el individuo. Mientras el mercado laboral tradicional levanta muros para ciertos colectivos, el Ejecutivo de Coalición Canaria y el PP ha desplegado una estrategia de supervivencia administrativa: convertir al parado en su propio jefe. Es la respuesta canaria a un sistema que expulsa talento, una táctica de resistencia que ya arroja sus primeros y abultados resultados.
El auge de los ‘guerrilleros’ por cuenta propia
La reciente clausura de la convocatoria de la Cuota Cero 2025 no es solo un trámite administrativo; es la confirmación de que hay hambre de alternativas. Con un alza del 36% en los expedientes concedidos, un total de 3.620 canarios han decidido dar el salto al autoempleo con el respaldo de 3,2 millones de euros públicos.
Pero lo más llamativo no es el volumen, sino la limpieza del proceso. el 44,24% de las solicitudes se abonaron sin errores, una cifra que duplica la eficiencia del año anterior. En un archipiélago donde la burocracia solía ser el cementerio de las buenas ideas, la labor conjunta de la Dirección General de Autónomos y las Cámaras de Comercio ha despejado el camino para que el dinero llegue antes que el desánimo.
Una salida para el talento ‘incómodo’
Detrás de la frialdad de las cifras de Tenerife (1.556 ayudas) o Gran Canaria (1.229), el vicepresidente Manuel Domínguez dibuja un plan que va más allá de 2025. Con la mirada puesta en 2026, el Gobierno ha diseñado medidas quirúrgicas como el programa +Uno52, que bonifica la contratación de trabajadores mayores de 52 años.
Es la admisión política de que existe un sector de la población -los ‘olvidados’- para quienes un contrato por cuenta ajena es hoy una quimera. Al reducir las cuotas de seguridad social y bonificar intereses de préstamos, Canarias no solo crea autónomos; está creando un escudo humano frente a las listas del desempleo de larga duración.
La apuesta por la ‘microeconomía de guerrilla’ es un movimiento audaz. En lugar de esperar a que la marea económica suba para todos, el Gobierno reparte botes salvavidas individuales. La gran incógnita para Bruselas es si estos botes tienen suficiente madera para aguantar el oleaje cuando la subvención se agote. En las Islas, el éxito de la Cuota Cero no se medirá por cuántos autónomos se den de alta hoy para salir de las listas del paro, sino por cuántos de estos ‘guerrilleros’ y ‘guerrilleras’ seguirán en pie mañana, cuando el presupuesto del Gobierno deje de pagar las facturas del inicio.














