El asfalto de la TF-5 a la altura de Chamberí aún guarda las marcas imborrables de una de las jornadas más oscuras para el tráfico tinerfeño.
Mientras los operarios de mantenimiento y los servicios de emergencia retiraban este fin de semana los últimos restos del camión volcado, el verdadero epicentro de la noticia se trasladaba a despachos y laboratorios periciales: la reconstrucción milimétrica del accidente por parte de los cuerpos policiales.

La estampa del vehículo pesado volcado sobre los carriles de entrada a Santa Cruz, una imagen que paralizó la isla y acaparó la atención de los informativos por encima de cualquier otro asunto del día, dejó de ser solo una emergencia humanitaria para convertirse en un complejo caso de investigación judicial.
La Policía Local y la Guardia Civil asumieron el mando en un escenario dantesco, donde un contenedor de grandes dimensiones había reventado, esparciendo su carga ladera abajo y alcanzando la TF-1 y el polígono de Buenos Aires.
Durante todo el día, los investigadores se han afanado en sobrevolar con drones la zona, medir las huellas de frenada, examinar el estado de los ejes del camión siniestrado y comprobar si el peso de la mercancía excedía los límites permitidos o si su anclaje falló en plena curva.
El objetivo principal es poner luz sobre la muerte del conductor de 44 años y esclarecer las responsabilidades de un choque múltiple que estuvo a punto de cobrarse más víctimas mortales.
En las dependencias policiales, el goteo de testigos ha sido constante.
Conductores atrapados en el caos circulatorio que originó el corte total de la vía, operarios de las naves afectadas y los propios heridos que evolucionan en los hospitales tinerfeños aportan piezas a un puzzle que las autoridades pretenden resolver con rigor técnico.
Santa Cruz recupera lentamente la normalidad en sus accesos, pero bajo los puentes de la TF-5, la investigación policial apenas acaba de empezar.














