Cruz Roja en Canarias celebró el vigesimoquinto aniversario de su Plan de Empleo, un programa que, según la propia entidad, ha acompañado a cerca de 49.000 personas en situación de vulnerabilidad y ha facilitado la inserción laboral de alrededor de 12.000 de ellas gracias a la participación de más de 2.800 empresas colaboradoras. En el último ejercicio reseñado, la iniciativa atendió a casi 5.000 personas y contó con más de 500 empresas activas en la búsqueda de perfiles.
La propuesta de Cruz Roja no se limita a transmitir ofertas: articula procesos de orientación, formación práctica adaptada al mercado y acompañamiento personal continuado. Esa combinación busca no solo colocar a una persona en un puesto, sino dotarla de autonomía y capacidades sostenibles en el tiempo, principios que para la organización son fundamentales en la lucha contra la exclusión.
El programa prioriza colectivos marcados por mayores barreras de acceso al empleo: mayores de 45 años, jóvenes sin experiencia, mujeres en situación de exclusión o con cargas de cuidado, familias con todos sus miembros en paro y personas migrantes que sufren prejuicios. Cruz Roja insiste en que “el talento no tiene origen, género o edad” y en la necesidad de eliminar sesgos que impiden la correspondencia entre oferta y demanda laboral.
En la práctica, el trabajo con cada persona se diseña de forma consensuada. Para quienes están formados, se prioriza la inserción directa; para quienes requieren mejora de competencias, se activan itinerarios formativos personalizados, a veces diseñados a demanda de empresas. Ana Yasmina Alonso, responsable territorial del Plan, subraya la apuesta por responder a las necesidades reales de las empresas: seguimiento en los procesos de selección, formación “a la carta” y bolsas de empleo que faciliten la contratación.
El relato del programa pone en evidencia una doble lección liberal: por un lado, la eficacia del apoyo orientado al individuo para recuperar su capacidad de decisión y su papel activo en el mercado laboral; por otro, la importancia de la cooperación voluntaria entre organizaciones sociales y empresas privadas para generar oportunidades mutuas. Son las empresas, en última instancia, las que convierten la formación en empleo real.
Sin embargo, el camino no es solo formación y voluntad. Persisten trabas externas que condicionan el éxito de las inserciones: transporte, vivienda, horarios incompatibles y la falta de conciliación. Estas barreras requieren soluciones prácticas y coordinación entre actores para evitar que la inversión en personas se disipe.
Tras un cuarto de siglo, el Plan de Empleo se presenta como un ejemplo de intervención orientada a resultados donde la dignidad individual y la responsabilidad compartida se combinan para ampliar oportunidades. La invitación implícita es clara: mientras la sociedad y las empresas eliminen prejuicios y faciliten condiciones reales, más personas podrán transformar un empleo en una plataforma de autonomía y progreso personal.














